C. Jinarajadasa funda su tesis en algunas premisas de la Doctrina Oculta que suponen que tras la actual época de exagerada
intelectualidad, surgirán en el seno de la familia humana individuos dotados de una especial
sensibilidad y potenciados por la capacidad de la comprensión instantánea e intuitiva de los problemas.
Estas nuevas generaciones eran esperadas con beneplácito por algunos ocultistas y se anticipaba que su advenimiento preludiaría una era de
creatividad así como un brusco cambio en las modalidades relacionales y en las características de los nuevos emprendimientos humanos.
La Nueva Humanidad de la Intuición significa la expectación de una humanidad que no requiera de la desgastante y conflictiva dilucidación mental de todas las situaciones del diario vivir. Por el contrario, dotados con una nueva cualidad de la conciencia, con el pensamiento lúcido e instantáneo, con fresca naturalidad y justa espontaneidad, esos hombres y mujeres del porvenir -ahora no tan lejano- aportarían a la vida civilizada una nota de creatividad y sensibilidad nuevas y desconocidas, transfiriendo esa ampliación perceptiva individual al vasto campo de las organizaciones corporativas.
Libro optimista y esperanzado, describe la nueva tipología moral y psicológica de las generaciones por venir haciéndose eco de concepciones como la de la “Sexta Subraza de la Quinta Raza Raíz” propia de la Teosofía, o la de “la Edad de Acuario”, expuesta por la Astrología Judiciaria. Así se veían las cosas a mediados del siglo pasado, a la espera de un cambio en las condiciones de los individuos y de los grupos humanos y del advenimiento de una Nueva Era de correctas relaciones, de paz y de economía responsable...
Estas visiones idealistas fueron el caldo de cultivo para la reciente oleada de “niños índigo y cristal”, imprecisamente graficados y más azarosamente detectados por algunos investigadores de la nueva psicología.