El autor de este libro parte de la premisa de que
ni los científicos más retrógrados se atreven hoy a negar que el ser humano posee una especie de sexto sentido, que es el Poder Mental, facultad inherente a todos los seres humanos, más desarrollado en unos que en otros. Llega a sugerir que ese "sexto sentido" podría ser, tal vez, hasta un séptimo.
Fenómenos como la telepatía, el poltergeist, el movimiento de objetos a distancia y la clarividencia, vendrían a ser manifestaciones exógenas de dicho poder mental.
En la actualidad se han inventado máquinas, cámaras fotográficas y otros por el estilo para determinar la certeza de tales fenómenos y el grado de poder de individuos más dotados que el común de los mortales.
En la obra se abordan los diversos poderes mentales que, según sostiene Roger Baum, todos poseemos, en mayor o menor medida. Y cuyo desarrollo es posible por medio de ciertas técnicas y la ejercitación constante de las mismas.
Sostiene que el poder mental es una de las ramas de la Parapsicología, ciencia todavía negada por muchos, que estudia todo lo que se aparta de lo normal en los contextos humano y divino, considerando al último adjetivo en el sentido del Universo desconocido cuyas fuerzas aún son mayormente ignoradas.
Baum sostiene que el cerebro humano sólo es aprovechado en una mínima parte y que el desarrollo del poder que tiene la facultad de crear fenómenos paranormales, es posible que permita aprovechar, si no toda, al menos una porción más de esa parte cerebral que tenemos en continua disfunción.
Analiza y reseña el fenómeno PK, que consiste en doblar objetos metálicos con la propia voluntad, como pudo hacer Uri Geller en 1975, en una emisión de la televisión española, en el programa Directísimo . Esboza distintas teorías sobre este fenómeno: Las que se apoyan en la "escala de magnitud molecular", las del físico Clark Maxwell sobre que ignoramos por completo lo que ocurre con cada molécula por separado (con pruebas como la separación física de el perfume de una flor, del alcohol del aguardiente, etcétera), como un caso especial de transmisión de ondas electromagnéticas, entre otras.
Después se refiere al fenómeno de la telekinesia, facultad que permite a determinados individuos influir de forma directa sobre objetos, moviéndolos a distancia pero sin tocarlos y sin utilizar ningún medio auxiliar, sólo con el poder mental. Comenta que historiadores griegos y romanos ya narraban su estupor ante los fenómenos asombrosos producidos por los sacerdotes egipcios. Señala que el propio Moisés, que había aprendido entre la casta sacerdotal de Egipto, era capaz de producir fenómenos como estos. Cita, entre las telequinésicas más famosas de todas las épocas, a Eusapia Palladino, que viviía en Apulia, Italia y había nacido en 1854.
Sobre la clariaudiencia, el autor explica que se le da ese nombre a la facultad de oír voces misteriosas que siempre son de origen paranormal, por lo general de personas fallecidas que conocían al individuo que las percibe, y, en otras ocasiones, de espíritus o entidades desconocidos. Se trata de un fenómeno muy raro en personas sanas, si bien algunos médiums en estado de trance pueden captar ruidos, voces, sonidos y melodías. También pueden captarse palabras suelta o párrafos que contienen un mensaje casi siempre de advertencia o premonitorio. Es sinónimo del término hiperacusia. Ejemplifica con los casos de un profesor de la Sorbona y el de Aleister Crowley.
Se refiere, luego, a los fantasmas y apariciones, y a los sueños utilizados para evocar personas y hechos normalmente distorsionados, aunque a veces se vean con una claridad muy cercana a lo real. Señala que en la Biblia hay numerosos casos reseñados de sueños premonitorios, proféticos. Entre los ejemplos de fantasmas de Inglaterra, cita el de Ana Bolena paseándose sin cabeza por la Torre de Londres.
Con relación a la sugestión, dice que es un estado en el que el espíritu está de manera permanente experimentando las sensaciones o ideas que le son sugeridas; a diferencia de la sugestión paranormal, que viola toda idea sugerida y admitida como cierta, creando un medio ficticio y un estado extranormal en el sujeto sugestionable y sugestionado.
Sostiene que los curanderos son personas que curan, o tratan de curar, sin poseer títulos de medicina. No se valen de ninguna clase de medicina, salvo cuando ofrecen ciertos brebajes a base de hierbas. Estas curaciones suelen tener lugar casi siempre mediante la imposición de manos.
Para concluir la explicación referida al análisis de las sugestiones, desarrolla con amplitud, diferenciándoles, los conceptos de hipnotismo y magnetismo.
Entre otros estados derivados de la mente señala la letargia, la catalepsia, el sonambulismo, el desdoblamiento de la personalidad, la pérdida de los cinco sentidos, la acción del magnetismo a distancia y a plazo fijo.
Dedica, por último, capítulos específicos al desenvolvimiento de los poderes psíquicos, el desarrollo de la telepatía, como desterrar el miedo. Analiza las personalidades positivas y negativas a través del magnetismo personal. Como corolario, clasifica los tipos de clarividencia y desarrolla ejemplos de sueños y de poltergeist.
La obra forma parte de la Colección Paraciencia, Edición exclusiva para SOLQUIN y publicada por EDITORS S.A., Barcelona, España, en febrero de 2000. Consta de 160 páginas