En el mundo literario anglosajón, hablar de Jeff Abbott equivale a hablar de nuevas promesas de la novela negra y de acción. Ya muchos lo han comparado con escritores consagrados del nivel de James Patterson, John Grisham o Lee Child. Nos encontramos ante un autor que ha sido reconocido con premios como el
Aghata o el
Macavity y que ha resultado nominado por tres veces para el
Premio Edgar Allan Poe que otorga la
Asociación de Escritores de Misterio de América. Miedo no es su primera novela y ya hay previstas dos adaptaciones a la gran pantalla de sus novelas
Pánico (también de
La Factoría de Ideas) y
Collision (aún inédita en España). Pero dejando a un lado los méritos de este autor emergente, cabe destacar su labor en la novela que nos ocupa.
No se ve en Jeff Abbott una prosa complicada y parece un autor más centrado en la trama que en el estilo; no obstante, con esto no quiero decir que su forma de escribir sea descuidada, sino todo lo contrario. Tiene una escritura sencilla pero muy dinámica, con dosis de acción e intriga desde sus primeras páginas. Al terminar la lectura y mirar con retrospectiva, el lector tiene la sensación de haber vivido un gran cambio, de haberse llevado innumerables sorpresas argumentales. Una de las premisas de esta novela es que nada es lo que parece y con ese halo de desconfianza acaba uno impregnado a medida que avanza en la trama hacia el desenlace.
En cuanto al argumento, la historia se centra en torno a la nueva aparición de un fármaco llamado
Frost que es capaz de eliminar algunos de los recuerdos que propician ciertos trastornos psicológicos relacionados con el trauma. El fármaco, probado ilegalmente por una empresa gubernamental, es robado y amenaza con ser vendido al mejor postor. La psiquiatra de Miles Kendrick, testigo protegido del FBI, es asesinada en su propia consulta y se desatan las incógnitas. De este modo, éste y varios pacientes más de la doctora Allison Vance, acabaran coincidiendo de forma causal, que no casual, para desentrañar el misterio de su muerte y averiguar el paradero de la información robada relativa al
Frost. Son muchas las pistas que el autor va dejando en sus páginas para que el lector vaya atando cabos, pero aún así supone una difícil tarea y no es hasta el final que se desvela el eje motor de toda la trama. Los personajes, además, son bastante sólidos, con una intrahistoria bien consolidada y un pasado bien urdido a favor de la personalidad presente de cada uno de ellos. El autor consigue que el lector se sienta implicado, que se emocione. Para finalizar diré que, para los amantes de los
thrillers y el misterio, esta es una buena obra para entretenerse. No cabe duda que Jeff Abbott está abriéndose un hueco para ubicarse entre los grandes del género con gran destreza.