Tras leer
El Libro sin Nombre, no pude evitar caer en la tentación de seguir con esta segunda parte de la trilogía y adentrarme de nuevo en la historia oscura de la ciudad de Santa Mondega. Desde el primer momento me dio la impresión de estar leyendo otro autor diferente, como si este libro fuese el testigo de una carrera de relevos, pero lo disfruté muchísimo. Cuando
El Libro sin Nombre termina sus páginas, uno se encuentra con un final ligeramente abierto pero, al fin y al cabo, bien cerrado, con todas (o casi todas) las cuestiones que asaltan al lector contestadas; no quedan cabos sueltos y los que lo parecen están creados a conciencia para dar pie a la secuela. Al terminar de leer la primera parte de la trilogía, piensas que, después de la escabechina, no habrá personajes suficientes para conformar otra historia; nada más lejos de la realidad. Con toda naturalidad van surgiendo otros personajes que se adentran en la historia y que nos desvelan un poco más del pasado del misterioso
Kid Bourbon y los motivos que le llevan a ser quien es y como se enfrenta al mundo. En esta ocasión, la trama sigue teniendo como eje central la misteriosa piedra azul con poderes mágicos y es en base a esta piedra que, muchas de las cosas que en
El Libro sin Nombre quedan sin explicación, la encuentran aquí. Además, surgen elementos nuevos en torno al origen de la piedra, un origen que se remonta al Antiguo Egipto y que trae consigo la aparición de una momia asociada a una curiosa maldición que la obliga a despertar en nuestros días. Se descubren también algunos interesantes lazos familiares y la intriga no decae en ningún momento. Cabe avisar que esta segunda parte contiene menos masacres; sin embargo, algunas de las muertes que aparecen son más escatológicas, aberrantes y casi rozando el
gore. Siguen con nosotros personajes como Sánchez y descubriremos porque sale siempre indemne de todas y cada una de las masacres. También estará Jessica, que aunque aparece someramente, cuando lo hace tiende a ser con contundencia. Aunque otro de los ejes sobre los que gira el argumento es
Kid Bourbon, no será este quien fundamentalmente nos lleve a través de sus páginas, sino que iremos de la mano de Dante y Kacy, más del primero que de la segunda. Dante habrá de infiltrarse en una banda de vampiros, haciéndose pasar por uno de ellos, para localizar a Peto, el último monje de Hubal, y al propio
Kid Bourbon. Si a esto sumamos la aparición del Santo Grial, el
Libro sin Nombre y un extraño libro con el poder de dar muerte a todo aquel cuyo nombre aparezca escrito en sus páginas, el misterio y el thriller están servidos.
En definitiva,
El Ojo de la Luna es un libro que merece la pena leer y que no desmerece en absoluto a su predecesor. Se nota además un estilo más depurado y una escritura afinada que nos conduce muy bien a lo largo de la novela, exponiendo los detalles que son precisos en cada instante y guardando siempre un as en la manga que acaba por sorprendernos cuando menos esperamos. Por cierto, sigo sin reconocer en las páginas de esta novela rasgos del
Código Da Vinci, ni de Tarantino, ni de cualquier autor de los que se rumorea podría estar detrás de la creación de esta trilogía. Así que, ¡señores, hagan apuestas! ¿Saldrá a la luz el nombre del autor de dicha obra? Y, en ese caso, ¿quién será? Bien, ya sólo me queda por leer la tercera y última parte de la trilogía:
El Cementerio del Diablo. Veamos como acaba la historia.