Miss
Marple, la famosa anciana detective de Agatha Christie vuelve a entrar en
escena en esta historia.
Marina
Gregg es una famosa actriz inglesa que se ha mudado recientemente junto a su
marido - el conocido director de cine Jason Rudd – a una bellísima mansión
victoriana ubicada en un barrio exclusivo y elegante.
Para
inaugurar su nueva
casa Marina da una gran fiesta a la cual invita a lo más
selecto de la sociedad inglesa y del mundo del cine, además de algunas personas
vinculadas a organizaciones solidarias en las que Marina participa. Justamente
una de ellas, la señora Heather Badcock - secretaria de la organización
religiosa denominada *El Cuerpo de San Juan*- es asesinada durante la fiesta.
Luego de los exámenes perito lógicos se descubre que fue envenenada. Pero,
aparentemente, ninguna causa había para ello, ya que Mistress Badcock era una
ama de casa un poco charlatana y falta de criterio tal vez, pero al fin y al
cabo una mujer casada, dedicada a su casa y a su familia, con un circulo de
amistades y conocidos muy reducido.
Marina,
en su desesperación, comienza a suponer que hubo una equivocación y que el
veneno era para ella y no para la señora Badcock. Pero esta suposición es
descartada por la policía pues más
tarde Marina también entra al círculo de los
sospechosos.
Miss
Marple es intima amiga de la mujer que le vendió la casa a Marina. Así es que
por ella y por su amigo el inspector Craddock se entera de muchos detalles del
caso. Entre otras cosas descubre que Marina, años atrás, llevada por la imposibilidad
de tener hijos, adopta a tres niños. Más tarde queda embarazada y se desliga de
estos niños abandonándolos en instituciones que se harán cargo de ellos. Sin
embargo Marina sigue enviándoles dinero
para su mantención.
Una
pista importantísima para resolver el misterio es la que muchos testigos dan a
Miss Marple. Y es que cuando Marina
recibía a sus invitados en lo alto de una escalera ubicada frente a un muro, al
saludar a Mistress Badcock, y mientras esta le hablaba sin parar, Marina no la
miraba y parecía que tampoco la escuchaba. La impresión de todos es que Marina
parecía estar petrificada, con una expresión de horror en su rostro. Marina
miraba un cuadro colgado en la pared del frente. En el cuadro se podía ver a una bellísima madona renacentista cargando
a su hijo con una dulce expresión en su rostro.
Este
instante y los versos de un viejo poeta olvidado serán claves en la resolución
del caso.