Manuscrito hallado
en una botella.
Cuento
narrado con lenguaje tormentoso por un espíritu prisionero de sus horrores,
dice de la historia de un hombre que se hace a la mar en un barco carguero de
cuatrocientas toneladas, construido en Bombay y que llevaba un cargamento de
algodón y lana, azúcar , cocos, siendo este torpemente estribado.
Una tarde
el narrador observa la aparición de una
nube que la ve crecer hasta extenderse, se da cuenta que el mar sufre cambios,
el agua era tan clara que podía distinguirse el fondo, no obstante una sonda
comprobara que la profundidad era de quince brazas.
Al caer la
noche cesó toda brisa y envolvió una calma absoluta, la mayoría de los
tripulantes se acostaron sobre el puente, pero el narrador presentía una
desgracia, cuando le dijo al capitán que podría sobrevenir un simún este encogió
los hombros.
El narrador
dice que antes de pisar el último escalón sobrevino un rumor aterrador que sacudió
el barco, un golpe de mar lo derribó y una ola barrio la cubierta de proa a
popa”.
El barco se hundió completamente para reaparecer
nuevamente, a duras penas se puso de pie, salvándose de morir por un milagro junto a un viejo sueco.
El barco a
la deriva mantenía un rumbo fijo, el sol se tornaba amarillo y de un resplandor
enfermizo, justamente antes de hundirse en el mar su resplandor desapareció
repentinamente como si se apagara. Nunca volvió a amanecer, en vano se esperó
la llegada del sexto día, una noche eterna los cubría, era imposible distinguir
las cosas a unos pasos de distancia.
A veces se hallaban
en la cúspide de la ola para bajar a lo profundo, se preparaban para morir
desalentados, cuando se encontraban en lo profundo de un precipicio líquido
vieron venir un buque gigantesco de más
de cuatro mil toneladas, venía deslizándose por la empinada ola justo a
embestirlos, el buque chocó contra el buque, al impacto el narrador es lanzado
a la cubierta del gigantesco buque, nunca más vuelve a ver al viejo sueco.
La tripulación
de aquel buque parece no percatarse de su presencia, pasa inadvertido
inexplicablemente para aquella tripulación silenciosa y extraña. Siempre navegando
hacia el sur a una velocidad increíble, con el tiempo se sitúa justo en medio
de la tripulación sin que lo vean, todos son viejísimos.
El barco se
encuentra sobre una corriente que los impulsa, pronto se da cuenta que están
llegando al fin de los mares en un gigantesco remolino que los traga.
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