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… Ese médico infeliz, ese desgraciado al que me obligaron a ir a que me examinara es un mentiroso, es un ignorante
que no sabe diferenciar las heridas de violencia de las señales del amor. Aún cuando mi amor me maltrataba y me hacía llorar de dolor con sus caricias deliciosas, en cada una de mis lágrimas le entregaba mi ser y me sentía como un ángel disfrutando del favor de Dios. Cuando me compartía con otros no sentía ningún dolor con las maravillas que me regalaban, cada gota de sangre que salió de mi cuerpo fue un tributo que le hice con gusto, con orgullo, como el más sublime sacrificio con el que se puede demostrar el amor.
Lo amo y no soporto que por mi culpa vaya a tener problemas, que lo vayan a sacar del sacerdocio que quiere tanto, que es la razón de su vida, o que lo vayan a castigar, y menos, lo que más me duele y es lo que está acabando con mi vida, es que por mi culpa lo van a trasladar. Lo van a mandar a otro colegio en otra ciudad. Va a conocer a otros alumnos y con seguridad se va a enamorar de otro. No soy capaz de vivir sabiendo que otro pueda estar sintiendo lo que yo sentí y lo esté besando, acariciando, y haciendo con él todas las cosas que hicimos juntos. Eso no me dejaría vivir. Me voy a quedar sin él, solo, desesperado, y señalado por todo el mundo, rechazado, y tachado como un homosexual despreciable. Yo no soy homosexual, a mí no me gustan los hombres, a mí no me gusta sino él, y no lo veo como a un hombre, sino como a un espíritu puro que merece tener todas las cosas buenas que la vida le pueda dar. No me molesta el odio que alguien me pueda tener por lo que hice, no me importaría que el mundo entero me odiara, pero lo que no voy a poder soportar es saber que ustedes y otras personas que me han querido sientan lástima por mí. Eso no soy capaz de soportarlo. Que me lleven a donde otros sicólogos o siquiatras no lo voy a aguantar, porque ninguno me podrá guiar como él ni hacerme sentir tan bien como él. Todo lo que pasó fue porque lo acepté, fue porque quise, él no me obligó a nada. Cuando me empezó a mostrar el camino del amor lo seguí porque quise, me entregué a él con pasión y orgullo, y él lo único que hizo fue responder a mi amor. Porque la moral que él me enseñó me obliga, y porque me salió del alma, ya le mandé otra carta en la que lo libero de toda culpa y le reafirmo mi amor, y confieso que fui yo el que lo conquistó a él, para que se la muestre a los que lo están molestando y juzgando, y sepan que la culpa fue toda mía. Me voy de este mundo, con la tristeza y la desesperación de saber que fui el causante de todas las cosas penosas que le están pasando a mi adorado Miguel, al dueño de mi cuerpo y mi alma. Él no se merece esas cosas.
No sé qué más decir. Tal vez sólo que cuando vean mi cuerpo estrellado en esa acera no sufran por su aspecto porque, por mal que me vea en ese momento, quiero que sepan que me fui feliz. Feliz de este sacrificio por amor, con el que les voy a quitar problemas de encima a mi amado y a ustedes. Yo sé que Dios ya me perdonó, porque mi Miguel me enseñó a pedirle perdón, y Él nos lo dio con su infinita bondad, porque sabe que lo que sentimos los dos fue un amor puro que no le hacía daño a nadie, y que le entregamos a Él para que nos lo purificara aún más. Dios fue testigo de nuestro amor, y lo aceptó porque era el del mejor de sus hijos y representantes, por el de su más fiel devoto. Mis lágrimas del dolor físico y mi sangre que le regalaba a mi Miguel, también eran para Dios, para que con esos sagrados sufrimientos se glorificara en nuestro amor. Sé que voy a estar al lado del Señor, quien me va a cuidar en su paz hasta que llegue allá mi Miguel y pueda volver a estar con él. Cuando ustedes lleguen me van a ver feliz, y vamos a poder estar juntos allá, en el cielo, donde de verdad saben lo que es el amor y lo entienden, no como aquí donde las envidias y la ignorancia hacen que la gente odie el amor que puede estar haciendo dichosos a otros.
No tengo más que decir. Mi mamá linda, la mejor mamá del mundo que me dio tanto amor. Mi papá bello, el mejor papá del mundo que me dio tanto orgullo. Los adoro, los quiero, ustedes y mi Miguel son lo más grande de la tierra. Les dejo un abrazo y un beso que les dure para todo el resto de sus vidas, y los espero para que nos volvamos a reunir en la paz del Señor. Los amo, cuídense.
Su feliz hijo, su Ricky”.
Publicado el: enero 31, 2008
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