Los
Caminos del Inca, Qhpaq Ñan, o
Inca Ñan, o Camino Real, recorrían las cuatro regiones imperiales o suyos del
imperio incaico del Tawantinsuyo. El
Gran Camino representa el mensaje de integración propio de un estado en expansión. Esta extraordinaria red
vial estaba constituida por dos grandes caminos troncales, el de la costa y el de la sierra, ambos corrían paralelos y se conectaban transversalmente entre sí mediante caminos secundarios. La gran red la constituían caminos, en gran parte empedrados, puentes fijos, puentes colgantes, oroyas, túneles,
tambos y depósitos; toda esta obra producto del trabajo colectivo de la minka. Se puede reconocer hasta cinco tipos de tránsito: para el Inca y sus funcionarios; los chasquis o mensajeros oficiales del imperio; los soldados del ejército; los transportistas de las mercancías y suministros del Estado, y el de los viajeros comunes. La celosa administración del tránsito en la red vial inca estaba a cargo del Tucuyricuk Anta Inca, visitador que tenía como misión supervisar, vigilar y fiscalizar el uso de los caminos, en conformidad con los usos y costumbres, y, sobre todo, con los mandatos del Inca. En la preferencia de paso, regía la prioridad de la realeza y los nobles; los que llegaban sobre los que retornaban; los que subían por los que bajaban; los mayores por los menores; los niños, ancianos y minusválidos por los demás; los que cargaban por los que no lo hacían. La administración se ocupaba del mantenimiento de la red. Parte esencial eran los tambos, verdaderos hitos de los caminos, cuya precisa ubicación permite hoy reconstruir la senda que seguían aquellos; el servicio que prestaban se justificaba ampliamente porque el tambo era el único alivio de los caminantes, sin el cual era imposible atreverse a viajar. En conclusión, se trataba de un verdadero complejo vial que atendía a todos los requerimientos y exigencias para el tránsito y transporte dentro del imperio; se estima que su extensión era de treinta a cincuenta mil kilómetros, superior a la cualquier nación de Europa del siglo XV. El autor señala que es imprescindible la recuperación de los Caminos del Inca, por lo que urge localizar en toda su extensión y rehabilitar la red, que constituye un valioso patrimonio nacional. La obra ha sido publicada en Lima el año 2000.
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