Un simple vistazo a las listas generales de ventas señala que el género de la
narrativa histórica se encuentra
siempre entre los preferidos de los lectores. Las razones de esta realidad pueden ser muchas, pero personalmente me gustan los argumentos que proceden de la experiencia. Así, por ejemplo, mi editor y amigo Josep Mengual siempre apunta a nada que se le pregunte que la narrativa histórica de éxito suele ser primero novela, es decir posee calidad literaria en sí misma, aportando además fidelidad a la
historia como valor añadido. Una combinación que, en su opinión de lector voraz, tampoco se encuentra siempre. Así, abunda la
novela muy fiel a la historia pero poco novelesca y la novela de discurrir
apasionante pero plagada de imprecisiones a la hora de reflejar las costumbres y los modos de vivir de otro tiempo. Siendo que, en el fondo, lo que el lector pide a una novela histórica es lo que en realidad solicita de cualquier novela, un buen relato, pero además y en este caso conocimiento sobre la vida profunda de una época.
Son argumentos que explican éxitos editoriales antiguos, desde la novela por entregas del romanticismo hasta el Sinhué del finlandés Mika Waltari o el Espartaco de Howard Fast. También otros más recientes como el de Yourcenar o el no menos merecido de Robert Graves a partir de la excelente versión televisiva que de su “Yo Claudio” realizó en su día la BBC. Luego vino Umberto Eco y “El nombre de la rosa” para disipar cualquier duda o consideración de la narrativa histórica como género menor. Desde entonces nuevos hitos han ido aparecido en este permanente discurrir para solaz de lectores curiosos.
Tal vez el
mejor ejemplo de lo queremos decir resida en el fenómeno mediático que ha supuesto la
obra de Patrick O’Brian, en realidad el mejor continuador de la tradición anglosajona de novelas navales centradas en torno a las guerras napoleónicas, una de las más visibles glorias británicas como se sabe. De hecho, los anglosajones se aplicaron con esmero en la tarea de crear un verdadero género dentro del género histórico. Desde la obra pionera de Frederick Marryat (1792-1848) autor de narraciones tan sugerentes como “El buque fantasma”, “De grumete a almirante” o “El perro diabólico”, podríamos señalar al más conocido de sus sucesores: C.S. Forester (1899-1966), creador del inmortal capitán Hornblower, también llevado al cine, ¿quién no recuerda a aquel Hidalgo de los mares encarnado por Gregory Peck? Tras él, podríamos citar la obra de Dudley Pope (1925-1997), reputado historiador naval además de novelista, productor de series de novelas de amplia repercusión como las aventuras de Ramage. Sin embargo, pocos pueden presumir del éxito que obtuvo el recientemente fallecido O’Brian. Su primera obra,
Master and commander, se publica en 1970, recibiendo ya entonces el aplauso de la crítica. Sin embargo las ventas de su prolífica creación literaria no se dispararán hasta 1990, fecha en la que las aventuras de Aubrey y el inefable Maturín se empiezan a reimprimir en Gran Bretaña hasta situarse en las 200.000 copias anuales sólo en Inglaterra. Se calcula que actualmente existen más de seis millones de libros de esta serie impresos en 18 idiomas. Un éxito clamoroso que viene a corroborar nuestro razonamiento principal, cuando se conjugan acertadamente aventura y rigor, la novela histórica cobra toda su razón de ser. De hecho, el director Peter Weir afirma en el book conmemorativo de la película que está a punto de estrenarse: “Adaptar los libros fue un enorme reto porque tenías que saber cómo eran las telas, los tejidos, hasta los mismos clavos de la proa de un barco para reflejar con total exactitud la atmósfera de aquellos turbulentos tiempos“. En fin, como dejó dicho Cervantes en algún lugar de la segunda parte del Quijote: “La mentira es mejor cuanto más parece verdadera y tanto más agrada cuanto tiene más de dudoso y posible”.
Pues bien, en mi opinión, podríamos enmarcar estanoovela de Juan Granados dentro de la mejor tradición de la buena novela histórica, rigurosa, cierta y entretenida a la vez. En ella, se nos narra la apasionante historia de Nicolás Sartine, un capitán de la Armada española, que tras su regreso a la península descubre que su amante, Catalina Lassaletta, se ha casado con uno de sus más enconados rivales. En su nueva misión, es enviado al El Ferrol para supervisar la construcción de unos astilleros que sirvan como disuasión a los ingleses, además de averiguar quienes están saboteando ese proyecto. Para su sorpresa y placer, descubrirá que el esposo de Catalina esta implicado.
La construcción de un arsenal, la investigación de un crimen y una difícil misión de espionaje en el mismo corazón del Támesis, centran el nudo argumental de una novela apasionante y de lectura muy fácil.
Sartine, tiene todos los ingredientes para convertirse en un hito de la novela histórica y de aventuras. Misterios, traiciones, duelos, amores, combates navales, un buen ritmo, excelentes secundarios y un tratamiento tan riguroso como inusual de la historia del siglo XVIII europeo, hacen de este libro toda una promesa.
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