Una novela que nos habla del
frente de
batalla por alguien que estuvo en la guerra, peleandola, y no desde un escritorio o el puesto de mando. Nos habla de lo escaso de las provisiones, los
soldados alerta para no perder la vida pero también para obtener comida donde se pueda. Asi que cuando la metralla mata a la mitad de los
hombres de la compañia ellos son doblemente afortunados, por no haber muerto y porque les toca doble ración. La mayoría son muchachos de menos de veinte años que pasaron de las aulas escolares a los campos de guerra, donde aprenden, entre otras muchas cosas, que la cultura allí no sirve de nada. ¿De que sirven los elevados pensamientos de los filosofos, matemáticos, teólogos, etc., a una humanidad enfrascada en la destrucción? ¿A hombres próximos a morir en el siguiente bombardeo?
Tjaden, Müller, Katczinsky, Albert, Haie, hombres y nombres que van cayendo en el campo de batalla, que van desapareciendo de la vida de Pablo, que los recordará con el dolor con que murieron, amputado un brazo, una pierna, destrozados por las granadas, con los pulmones deshechos por los gases venonosos.
Asistimos al intercambio de una noche de placer y ¿por que no? de amor entre unas jóvenes hambrientas y unos soldados ávidos de mujeres y afecto, que intercambian el poco pan que
tienen con fruición, en algo que no podría calificarse de comercio sexual. El regreso a casa gracias a un permiso hace más difícil el retorno al frente, con la profundización del miedo a la muerte luego de la relativa
paz que se gozo en el hogar. Y los superiores siempre presentes, abusando del poder que tienen sobre los soldados, sobre aquellos hombres que más que hombres parecen animales entrenados para un circo, para morir en la guerra. Es absurdo que un presidente lanze una delcaración de
guerra y millones de hombres queden por esto convertidos en enemigos; se expide otro decreto y quedan convertidos de nuevo en amigos.
Mientras tanto, se han perdido miles de vidas, a unas porque las trunco la metralla, otras porque lo que sale de los campos de batalla son hombres que ya no sirven para vivir la paz. Miles, millones de vidas perdidas e, irónicamente, en el parte de guerra sólo se anota: sin novedad en el frente.
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