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Síntesis y críticas breves

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Memorias de Adriano

por : Libelulana    

Autor : Marguerite Yourcenar
“... Mucho me costaría vivir en un mundo sin libros, pero la realidad no está en ellos, puesto que no cabe entera...”
Adriano escribe a Marco cada etapa de su vida como si apenas ayer la hubiera soñado.
Años en los que las cosas se tornaron difíciles para conseguir el nombramiento como emperador; largas batallas al servicio de Trajano y una cierta inconformidad con la política de guerra-conquista; casarse, hacer amigos y enemigos, conocer a las mujeres, jugar a ser amante, literato y otras cosas. Adriano sabe que su antecesor morirá pronto y comienza a pactar la paz, arriesgándose a que Trajano, aferrado a la vida, muera sin dejarle el imperio.
Adriano se convierte en emperador, la carta firmada por Trajano le vale como nombramiento ¿Fue voluntario? Nunca lo sabremos, él prometió no hacer preguntas y sus amigos no decir nada. Los enemigos son los que se muestran interesados en hacer las impugnaciones, pero tiempo después todos mueren...
En su gobierno Adriano es justo, pero firme. Defiende los derechos de la mujer y de los esclavos. Embellece Roma y Atenas. Habla de formar una República. Navega con la paz por bandera y se preocupa por edificar ciudades tranquilas y provechosas donde la gente viva en calma. En sus favoritas busca una estética perfecta como la de Antínoo, al que amó verdaderamente y muy por encima de la emperatriz.
La belleza del niño que se deidifica. La necesidad obsesiva de perpetuar el cuerpo griego, su sonrisa altanera, sus quince, sus veinte años... Esculturas, relieves, estatuas que inundan el imperio. El exigente Adriano colma sus tierras con la imagen perfecta de Antínoo. Artesanos y escultores cuidan tener exactitud en sus rasgos, en su gesto, en su mirar que juzga, en sus párpados oblicuos y en su cara joven y ancha.
Adriano lo pierde en un instante. Antínoo le acompañó en los viajes como fiel amante y servidor, siempre indiferente, dejándose admirar y tendiéndose a su lado como un cachorro para llenarse de caricias, para llenarlo de placeres. Adriano se siente amo absoluto, vive lo que el llama su “Edad de Oro”.
Mientras discute los pasos a seguir en cuestiones de organización política, está el cuerpo del niño sobre sus piernas, cerrando los ojos para mostrar que poco le interesa e incumbe aquella conversación. Las manos de Adriano se deslizan entre sus cabellos cariñosamente.
Le protegió y cuidó como un hijo, hasta que se le fue como el agua entre las manos. El cuerpo pesado, sin vida, que flota, es muchas lágrimas y años de aflicción para un hombre totalmente conquistado.
Adriano le reprocha a Antínoo su “sacrificio”, más le hubiera valido años del imperio en desgracia a su lado, que una gran fortuna en el poder, sin él; pero lo hecho, hecho está. Cerca del Nilo en el templo, el hermoso cuerpo es embalsamado y decorado con oro, en el último intento de perpetuarlo, de mantenerlo...
Incidentes que le hacen recordarlo: las vísceras de pollo, el frágil hombro de un niño. Imágenes que llevan su rostro. Cuanto hubiera querido el emperador que Antínoe, reflejara en sus calles la belleza de su amante.
Tiene que buscar una forma de seguir. Construir panteones, amonestar al que tortura antes de matar, como si la muerte no fuera suficiente castigo.
Ahora está enfermo, no le queda mas que soñar y seguir escribiendo. La enfermedad le hace tener repugnancia a la muerte. Morir no es de temerse, pero asfixiarse es lo que causa miedo. Miedo de que sea repentino en un lugar inapropiado, incomodando a sus comensales o algo parecido, para su tranquilidad no fue así.
Recordar, hacer disertaciones y elucubraciones sobre la vida, el amor, la literatura, la política, los goces, a los que ha tenido que renunciar; la muerte: “...la meditación sobre la muerte no enseña a morir y no facilita la partida; pero ya no es facilidad lo que busco...”
Los remedios de los médicos lo condenaron. Las medicinas ya no hacen efecto y las piernas se inflaman. La muerte es hace tiempo la solución en la que mas ha pensado. Las olas acarician la arena con su sonar y sus espumas...
“...Tratemos de entrar a la muerte con los ojos abiertos...”
Publicado el: julio 18, 2006
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