Jung Chang nació en 1952, formó parte de los jóvenes guardas rojos y trabajó en las comunas colectivizadas que se crearon
en la China de los 60 y 70. Su madre, Bao Qing, nacida en 1932, formó parte de la élite postrevolucionaria, compuesta sólo por aquellos que se unieron a Mao antes de la II Guerra Mundial, y sufrío la depuración que supuso la Revolución Cultural. Su abuela, Yu Fang, nacida a principios del siglo XX, llevaba los pies vendados, se anudó durante toda su vida el pelo en una larga y poco revolucionaria trenza y se casó dos veces, la primera con un general que coleccionaba esposas y le doblaba la edad, la segunda con un médico que se la triplicaba y con el que fué feliz. Sus vidas, contadas con maestría en Cisnes Salvajes, constituyen un mosaico de la vida cotidiana en la China moderna, desde las últimas épocas del imperio, aquéllas que Bertolucci retrataba en El último emperador, hasta los años 80, en que la protagonista y autora se marchó a Londres, dónde reside hoy en día, y lo mejor es que toda esa historia se nos cuenta con naturalidad, bellamente, con lenguaje llano y simple, muy claramente comprensible, contextualizando las situaciones familiares en el ámbito de la política y la sociedad de la China en la que la historia se desarrolla. A medio camino entre la novela y el libro de historia, Cisnes Salvajes es una obra preciosa, adictiva y rigurosamente documentada que nos acerca a una realidad que nos es mayoritariamente ajena, lo cual lo hace interesante