A través de siete tomos amenos y con una base científica rigurosa, aunque tomándose algunas libertades poéticas; el historiador y novelista Maurice Druon, recrea la Francia de los Capetos. La trama se inicia en el momento que Jaime de Molay, jefe de los templarios, lanza una maldición al entonces rey de Francia Felipe el Hermoso. Este rey había logrado un período de prosperidad para Francia basado en la disolución de la orden de los Templarios y la confiscación de sus bienes acusándolos de herejía, evitando así pagar las deudas que tenía con ellos. Luego de siete años de cautiverio y tortura Molay confiesa su pecado, pero en la hoguera maldices al rey y su descendencia.
A partir de entonces se suceden una serie de muertes prematuras y trágicas en torno al trono de Francia, alguna de ellas debido a conspiraciones por la herencia del cargo.
A esta situación se le agregan una serie de catástrofes que asolan Francia luego de ese período de prosperidad: desastre en Flandes en la “guerra del Barro”, la invasión de los Pastorcillos, la infidelidad de las nueras de Felipe y su encarcelamiento, las diferencias con Inglaterra, las hambrunas, la rigurosidad del invierno, las diferencias entre los nobles. Situación que se cierra con la desastrosa “Guerra de los cien años” entre Francia e Inglaterra.
La excelente reconstrucción de época hacen que esta novela pueda tomarse como un valioso libro de historia, con la ventaja de que es entretenido y nos ilustra sobre entretelones que habitualmente pasan inadvertidos para los historiadores oficiales. Druon teje la trama histórica, política y económica; con las vidas, los intereses, las miserias y maravillas de los protagonistas.
La presencia poderosa de la Iglesia también forma parte del conflicto, los Papas secuestrados en Aviñón por Felipe, las intrigas para la elección, la confabulación para eliminar a los Templarios y judíos, enredan las decisiones de la monarquía francesa con las del un clero sumamente comprometido con lo terrenal.
Para completar el cuadro se pinta a una burguesía financiera naciente y oportunista, que anuncia la aurora de un nuevo tiempo. Los prestamistas italianos son los únicos acreedores que se las ingenian para no ser aplastados por el poder combinados de la Iglesia y la monarquía. Aquí vemos perfilarse una nueva clase social, todavía débil políticamente pero muy rica y hábil. El autor hábilmente nos presenta una clase social que a través de la actividad comercial se ha ilustrado sobre cosas que la nobleza ignora y la Iglesia oculta: las dimensiones del mundo, el funcionamiento de la economía, las rutas al exterior de Europa, el funcionamiento de artefactos como la brújula, productos nuevos como las especias, los resortes del poder, el modo de vida urbano. Elementos que la colocan en situación de desplazar lentamente a una nobleza rural, embrutecida, ignorante, anacrónica, pero todavía poderosa.
Es una novela que pinta con destreza la decadencia de un mundo feudal, superpuesta al surgimiento de una modernidad pujante pero todavía tímida, en el escenario de Europa occidental en los siglos XIII y XIV.