UMBERTO ECO. "Baudolino". Ed. Lumen, Barcelona, 2001.
El género de la novela histórica ha sido objeto de serias objeciones por parte de quienes la consideran como una manera de banalizar la historia. Sin embargo, esta nueva obra de Umberto Eco las desmiente de manera contundente, ya que propone un modo de abordaje de la historia ameno, pero que no está reñido ni con el rigor cietífico ni con la calidad literaria.
En este relato, ingenio,
fantasía y erudición se conjugan para llevar al lector a un período de la historia europea que Eco ya ha frecuentado en algunos de sus ensayos- recordemos su "Arte y belleza en la estética medieval"- y en su primera obra de ficción. Nos estamos refiriendo a la Baja Edad Media.
Baudolino, el protagonista de este nuevo libro, nos atrapa desde las primeras páginas con un relato en primera persona escrito en una lengua desconocida. Según empezamos a comprender una vez que entramos en ese juego, el singular monje escribe sobre pergaminos robados a los que ha raspado previamente con el objeto de registrar todos los acontecimientos de su azarosa existencia.No se puede dejar de admirar la inventiva y el humor del semiólogo, pero además, la habilidad de su traductora para transmitir las cualidades de tan extraño documento.
A partir de allí, la trama se irá desplegando en dos planos:Por un lado asistimos a la conversación de Baudolino con Nicetas Coniates- Canciller del Imperio Bizantino e historiador- que tiene lugar durante el sitio de Constantinopla por los cruzados. Por el otro, se cuenta la vida de ese monje fantasioso y embustero que vivió enredado en sus propias invenciones.
Sus aventuras comienzan en la corte de Federico I, Barbarroja, con el trasfondo de las conflictivas relaciones entre este Emperador, el Papado y las ciudades italianas.
En el momento en que Baudolino comienza a narrar su historia a Nicetas, aún no ha comprendido hechos centrales de su vida- como la muerte de Federico, su padre adoptivo- y precisamente la narra para llegar a ese punto de comprensión. Nicetas, historiador e intérprete de hechos, será el interlocutor más apto para ayudarlo en ese sentido.
En esta compleja pero atrapante novela se van entretejiendo acontecimientos históricos con hechos imaginados por Baudolino, y a medida que la historia avanza los seres de la mitología medieval- salidos de los bestiarios, las enciclopedias o los escritos de Plinio a los que el monje había tenido acceso en París mientras realizaba sus nunca concluídos estudios en la Universidad- cobran vida y comienzan a participar de la aventura.
En general es bastante sencillo distinguir, en una novela histórica los sucesos que realmente ocurrieron y los que forman parte de la fantasía del autor y dan lugar a la anécdota.Pero aquí fantasía y realidad están enlazadas de tal manera que es casi imposible deslindarlas. Hay personajes históricos: Federico, su esposa Beatriz, el obispo Otón, etc. Otros personajes forman parte de la invención novelesca: Baudolino, su familia y sus amigos.Pero aparecen además otros seres imaginarios que eran reales para la mentalidad del hombre de la época, como los esciápodos, los
unicornios o el ave roq, que aparecían en los libros y en los relatos de viajeros. Los hombres del medioevo respetaban profundamente la autoridad de los autores, y si ellos habían hablado de aquellos seres monstruosos y circulaban por allí historias del Greal y del Preste Juan, todo se confundía y era menester creerles. Por eso resulta verosímil que nuestro monje cayera en esa trampa y llegara a creerse sus propias invenciones.
Para Umberto Eco la Edad Media es consubstancial.Hasta parece que a veces se identificara con los hombres de aquella época. Su comprensión de aquellas
mentalidades le han permitido producir un texto medieval que de ninguna manera puede parecer anacrónico a un lector actual.
Algunos momentos a lo largo de estas aventuras nos hanhecho pensar en ciertos rasgos similares entre autor y protagonista. Por ejemplo, la extraordinaria habilidad de Baudolino para expresarse en lenguas desconocidas y de jugar con el lenguaje, su decisión de escribir en la lengua de su tierra en lugar de hacerlo en el
latín habitual, así como las reflexiones sobre cómo transponer un texto a imágenes en la construcción de un modelo a escala del palacio del Preste Juan, plantean un paralelo con las preocupaciones del semiólogo. Además, hay un hecho curioso que no puede dejar de señalarse: la ciudad cuyo nacimiento presencia Baudolino y describe con prolija precisión es Alejandría. Tiene el mismo nombre y está en la misma región que la ciudad en la que naciera Umberto Eco.
En esta novela se manejan con maestría algunas estrategias textuales que contribuyen al suspenso y la intriga que sólo se resuelve al final, sorpresivamente. Pero la riqueza del texto propone además múltiples lecturas, razgo frecuente en las novelas de este autor.
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