El resentimiento, la frustración, la
desconfianza, la sensación de perdida de la gratuidad, todos adjetivos que describen
algunos motivos reflejados en el accionar del hombre moderno.
Estas condiciones se trasladan a todos los campos y actividades de la vida. Las relaciones sentimentales, la familia, las instituciones, y dentro de estas últimas las que corresponden a la espiritualidad.
El sentirse estafado y defraudado por la religión instituida, característica mas frecuente en el hombre occidental, se ve hoy reflejada en gran cantidad de pseudoespiritualidades que ofrecen en su amplio y vasto mercado la posibilidad de adoptar una religiosidad adecuada a los tiempos que vivimos, es decir, con menor reactualización de los tiempos sagrados (extensión de los profanos) o una disminución en la calidad del tiempo sagrado.
Sociológicamente este fenómeno corresponde a la adaptación de la religión a la vida urbanizada y sus necesidades, el tiempo que cronológicamente es igual y lineal para todos, pero que a algunos no le alcanza. Por ende la transformación del culto por menores plazos de tiempo.
La
desconfianza en el campo
espiritual se evidencia dogmáticamente y sintomáticamente en la perdida de la gracia comunitaria, transformada en autosalvación individualista, la misericordia reemplazada por la apatía energética meditacional y la fe por impacto emocional irrisorio.
Lógicamente estas característica pasatistas no colman la realización espiritual del ser, que conjuntamente a las brechas psicológicas transforman al individuo en un consumidor compulsivo. La angustia por la frustración ante el éxito que no llega (espejismo, algo que jamás logrará alcanzar), el deslumbramiento de la costosa tecnología y la desesperación por el paso efímero y fugaz del tiempo, se colma con productos de calidad escasa, acordes al panorama actual.
Conjuntamente a la pseudoespiritualidad del individuo, existe un producto que llena el vacío de fe, manifestado en una de sus caras como el conjunto del arte ligero (en reemplazo del arte sublime) y la revelación del misterio oculto por la institución religiosa como grupo de poder.
El mensaje monomaniático de las obras literarias denominadas novelas históricas (esotéricas o espirituales), que reemplazan el goce artístico por el deseo de informar ahora mismo sobre el secreto que se oculta, golpea de lleno en la religión occidental mas practicada, el cristianismo, e institucionalmente a la religión Católica Apostólica Romana.
Esta manifestación inmadura de la siembra de sucesos históricos poco comprobados, que no terminan de definir el género como ficticio o realidad novelada actúa como fulminante en la desconfianza del individuo en su concepto de los ordenes establecidos y la manifestación de sus frustraciones buscando un “chivo expiatorio” a quien culpar.
La duda es necesaria, no obstante el individuo no necesita acrecentarla por mensajes pseudocientificos y tendenciosos. Existe una gran diferencia entre la afirmación y la suposición como también entre la experiencia religiosa y el consumo espiritualista, el arte sublime y el ligero o ilusorio.
Sin generalizar, la sublimación se lograba por el arte en todas sus expresiones, la espiritualidad por la fe y los actos. Las obras literarias, las obras filosóficas, los libros sagrados de las grandes religiones eran (y en algunos casos aun lo son) el resumen profano o sagrado de las vivencias, pensamientos e inspiración del hombre, que deberían ocupar y de hecho realmente lo ocupan el sitio que intenta conseguir la novela “bestseller” de supermercado en su anhelo de revelar diversas verdades, pero la mentira no puede sostenerse por si misma, y la verdad es única.
El hombre perdió el sentido de lo gratuito, una de las muestras de un mundo mercantil y globalizado. No logra comprender que estar en este mundo es una acto amoroso y gratuito de su Creador. En su concepto nada es gratuito, y enterarse de la verdad tendría entonces un costo. Esto, sumado a las condiciones anteriores logra en ocasiones que la tergiversación de sucesos históricos de los personajes del cristianismo, desarrollados en las novelas, se transforme en relleno de su vacío espiritual e incremento de su desconfianza.
Algunos escritores pueden suponer que los sucesos históricos que desarrollan, hayan sido así realmente, no obstante, la estafa espiritual y artística se produce cuando el autor se transforma en un mercader de la palabra, al saber que sus hipótesis no son verdad y con el agravamen de que solo realiza una mera maniobra comercial.