Hace un año, un periodista viajó doce horas por la selva camboyana para comprobar la historia de una niña que vivió durante dieciocho años perdida como un animal. . Rocham ha engordado diez kilos, aún no habla pero ya no come gusanos.Héctor Rifá (<<el psicólogo que ayudó a la camboyana a xonreír>>)se puso al volante de su viejo Toyota y abandona la capital camboyana de Phnom Penh en dirección norte. Cruzó el río Mekong, se adentró en la selva de Ratanakiri, pasó sobre medio centenar de puentes de madera y atravesó una carretera de arena y piedras que sólo se puede transitar ahora cuando cesaron las lluvias del monzón. Los periódicos de todo el mundo, desde Tokio a Nairobi, anunciaron con llamativos titulares la sorprendente noticia del hallazgo de Rocham Phoeung: "Encuentran a una niña mono en la selva de Camboya". "Vuelve a la vida tras veinte años perdida en la jungla". "Anda a cuatro patas y tiene el pelo por la cintura"...Varios jornaleros habían localizado a la joven totalmente desnuda y espantada en la entrada de la selva de Ratanakiri. Oyadao y su famosa niña salvaje han vuelto a hundirse en el olvido para todo el mundo. Para todo el mundo menos para el psicólogo Rifá.El consejero y especialista español se hallaba en Camboya velando por la asistencia de las mujeres indígenas cuando se anotició de la aparición de Rocham. Corrió en su busca inmediatamente y al llegar a Oyadao se la encontró en medio de una nube de fotógrafos, asustada e incapaz de hablar, mientras los vecinos discutían si debían llevarla a la capital o venderla a uno de los prostíbulos de la zona. Rifá ha repetido el viaje al menos una vez al mes desde aquel primer encuentro, llevándose con él sus dibujos, juegos y ejercicios con los que está tratando de reintegrar a Rocham en su comunidad. Y, de paso, resolver algunas de las preguntas que quedaron sin respuesta tras su aparición: ¿Estuvo realmente dos décadas sobreviviendo por sí misma en la selva o entró en contacto con algún grupo de nativos? ¿Podrá algún día contar su historia?La aldea de Oyadao apenas ha cambiado en este último año. Las mismas cabañas de madera, los mismos puestos de venta junto a la carretera y los mismos incendios cercando a los indígenas y anunciando una próxima tala de árboles de un bosque menguante. Sar Yo, el padre de Rocham, un policía local, yace tumbado en el suelo recuperándose de un accidente en moto, el medio de transporte que está cambiando la vida de muchos indígenas. Rocham no parece la misma. Ha engordado al menos 10 kilos desde que fue encontrada, sus pómulos se han redondeado y su tez se ha aclarado ahora que tiene un techo que la protege del sol la mayor parte del día. En enero de 2007 pasaba las horas con la mirada perdida y el gesto compungido, necesitaba la ayuda de sus padres para levantarse y no reaccionaba ante ningún estímulo. Rocham sigue guardando el misterio de los diecciocho años que estuvo desaparecida. Aunque ha empezado a verbalizar, las palabras que salen de su boca no corresponden a ninguna de las lenguas de los nativos de la zona y nadie ha logrado descifrarlas. La única prueba de que se trata de la niña que se perdió hace dos décadas es el parecido con una de sus hermanas y el testimonio de su familia, que asegura que se trata de su hija, hoy convertida en una joven de veintiocho años.. El rastreo de la conducta y el comportamiento de Rocham en el último año indica que debió de pasar mucho tiempo (demasiado tiempo) en la jungla, pero que en algún momento estuvo en contacto con una comunidad, probablemente con algún grupo de indígenas de la selva.La forma en la que escarbaba el suelo en busca de gusanos o insectos, o su gran sentido del olfato -al principio husmeaba la comida antes de llevársela a la boca-, sugieren que sobrevivió largos periodos de tiempo lejos de la civilización. Rocham había desaparecido. La familia estaba convencida de que no había logrado adaptarse a la vida de la aldea y que había escapado al bosque. nUeve días después, de la misma forma en que se había marchado, Rocham se presentó en casa. Rocham Yit, su madre, en cuclillas mientras prepara medicinas tradicionales para su marido, dice saber la razón que la llevó a huir y a regresar. "Echaba en falta la vida en la selva, pero también un plato de comida caliente", luego dice.Si la hija de la selva captó la imaginación del mundo hace un año es porque su historia despertaba de nuevo el mito de los niños crueles, sangrientos que Kipling describió en su clásico El Libro de la Selva, y que ha sido alimentado durante años con hallazgos precisos de niños que supuestamente crecieron en la selva o en compañía de animales en La India, Uganda o los bosques rusos.
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