Hay escritores que incurren en un grave error, y si no pregúntenle a Sergio Pitol, el de menospreciar al
cuento como género literario. Puede ser que después de una larga tradición novelística,
leer un cuento, donde la extensión no es lo que cuenta, leer algo así de pequeño sea una bofetada para aquellos escritores que plasman sus ideas en cientos de páginas y llegué otro que en dos o tres cuartillas engloben esa misma idea, pero desde un abordaje distinto: lo que no se dice. El cuento, a mi parecer, es más parecido a la poesía que a la narración. Otros creerán que después de ser novelistas les será fácil
escribir un cuento. Cualquiera que haya querido escribir un cuento se dará cuenta que también tiene su dosis de dificultad. Jorge Ibargüengoitia es uno de los últimos, un gran novelista que intentó infructuosamente escribir cuento. El resultado es obvio, es una recopilación de textos, que bien pudieron haber sido crónicas periodísticas, como esas que escribía en el Excelsior. Y aquí no quiero criticar a este escritor, del cual siento una profunda admiración, sino criticar su labor cuentística.
Existen dos o tres
cuentos aceptables, de los cuales
La mujer que no es el mejor (algunas mujeres gritarán: Misógino, y tienen razón),
La ley de Herodes, y
¿Quién se lleva a Blanca?, son los otros dos que un lector versado en el tema aceptaría.
Ibargüengoitia se caracteriza por su humor irónico y muchas
veces negro, el
escritor incurre muchas veces a burlarse de sí mismo. Cosa que en sus novelas tiene un poder espeluznante, pero que en sus cuentos, que bien pudieron conformar un diario, no lo tienen. Y es que, en los demás cuentos, el personaje principal, muchas veces el mismo Jorge, aparece como mártir, tanto que cansa.
La vela perpetua es uno de esos cuentos inacabables, el tema latente durante todo el transcurso del texto,
predecible y sobre todo vacío. No deja ningún tipo de nada. (Válgame la expresión) Mientras el libro pasa volando por tus manos, hay un sentimiento de vacío, contrario a otros cuentos, que desde el principio nos quitan el aire y no nos dejan respirar hasta que acaba. Más bien ésta serie de cuentos parece haber sido una forma de Jorge de salir del atolladero económico en el que se encontraba, igual que en el cuento
Mis embargos, también predecible e infinitamente aburrido.
Sin embargo, alguno que otro lector podrá sentirse más identificado con estos cuentos que yo. Mi opinión no vale en nada, pero si he de opinar y recomendar algo de este escritor mexicano, recomendaría alguna de sus novelas, de las cuales las reseñas pronto serán escritas y ustedes queridos lectores podrán leer.
Hasta la próxima.
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