La mirada abstraída de Aureliano Escobar vislumbraba el terror de una vida acechada por las prerrogativas del poder: La venganza, al extraer una muela producía el alivio tantas veces esperado de quienes fueron sus víctimas…, los gallinazos pensativos que vería a través de la ventana como preámbulo de la visita menos esperada, y la posterior vista de telarañas polvorientas estancadas en el tiempo, como el tiempo mismo del olvido de las masacres… Un tan solo: “La misma vaina” como corolario de quien detenta el poder, poder…, y más poder…
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