Le costó al pueblo creer en la muerte de quien se había metido en sus vidas como la pesadilla que amenazaba por terminar y que tras varios intentos aparece diáfana y clara en la alborada, como don Chepe Montiel atornillado en la tapa del ataúd y bien enterrado en el mausoleo familiar, les indicaba con seguridad el fin de sus martirios.
La viuda vivía en la ilusión de creer en la honestidad y las buenas intenciones de su esposo al proteger a quienes el cruel Alcalde despojaba de sus posesiones; pocos meses pasarían para convertirse en el hombre más rico del pueblo, pero seis años serían suficientes para encontrar la viuda el único acierto de su despistada vida: La muerte natural de su esposo que como el cerdo que le ponen el clavel en el culo, le arrancaría la risa a la viuda que con ansias de morir se acostaba encontrando en el rosario y en la Mama grande la esperanza de quien depende.
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