El pensamiento occidental que tiende a “descorporizar” el conocimiento y que desde la mirada de Descartes se le nota la separación de los “saberes” en binomios distintos e independientes, donde el primero se hace más fuerte y predomina sobre el segundo, como mente
versus cuerpo, espíritu versus materia, conocimiento versus intuición, delegando al
cuerpo las funciones menos importantes. Esos binomios están claramente hundidos o mezclados en Clarice Lispector, desmitificando las categorías como independientes y dispares jerárquicamente. Otro binomio deshecho en “La Pasión según G.H” es el “yo versus el tú”, que nos hace recordar un poema de Celan: “Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy/Tan sólo al desertar soy fiel/Yo soy tú cuando soy yo.” Celan tal como Clarice, rompen
con la lógica de la certidumbre, la “diferencia-entre”: “Según esta lógica de la identidad en que participa la diferencia: A
siempre es A porque no es B: una
silla siempre es una silla y nada más que una silla porque no es una mesa (…)”.
Clarice puede ser “mesa, silla”; “pensamiento y acción”, “el cielo y el infierno”, el “yo y el otr”o: la mujer que se presentaba tímida, mirada oblicua, “soy
tan misteriosa que mal me entiendo”, de poco hablar, pero con una vasta riqueza interior siempre en ebullición, terreno fértil que la obligaba a dejar en forma de palabras lo que le iba por dentro. La escritura era para Clarice una forma de salvación y una maldición a la vez, más un binomio deshecho: “Yo dije una vez que escribir es una maldición, pero una maldición que salva".
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