En el momento de su ejecución para librarse de su destino, Tarod consigue detener el Péndulo que rige el fluir del Tiempo, no en vano es uno de los Señores del Caos, encarnado para restablecer la sabiduría primigenia en el mundo, para traer a los Antiguos de vuelta, para abrirles la puerta… Al parar el tiempo, Tarod queda prisionero en el Castillo de la Península de la Estrella, sede del Círculo, máximo exponente del Orden, en un limbo en el que no existe ni el ayer ni el mañana, preso de su propia inmortalidad y desprovisto de su humanidad, cuando la gema en la que reside su alma queda atrapada en el Tiempo en el Salón de Mármol al que no puede acceder. Sin ella, le es imposible volver a poner en marcha el Péndulo. Sin embargo, un Warp, una tempestad desencadenada por las fuerzas del Caos, lleva a su lado a un hombre y a una mujer: Drachea, hijo y heredero del Margrave de la provincia de Shu y a Cyllan, una conductora de ganado con poderes de videncia que Tarod conoció en un viaje.
Allí, los tres encerrados en el Castillo, se enfrentan a difíciles situaciones y a no menos dramas, a la lucha entre el corazón y la razón, hasta que el Tiempo inicie su inexorable discurrir, que para Tarod significa una muerte segura a menos que encuentre una vía de salvación antes de que la espada del verdugo le sesgue la vida en el momento que detuvo el Péndulo…
Ésta es la segunda parte de la fascinante trilogía El Señor del Tiempo, junto a El Iniciado y El Orden y el caos, Louise Cooper le da la vuelta a conceptos a los que estamos acostumbrados como el Bien, el Mal, el Orden, el Caos buscando un equilibrio entre ellos.
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