Estas son algunas cartas reducidas a lo esencial (de las 84) publicadas en un volumen de 1998. New Delhi, enero 27 de 1952.
...Leí, también, algún fragmento de la Ilíada -en el número que le dedicó Novedades y en el que tanto me hubiera gustado colaborar (si Benítez se hubiera acordado de mí). Tengo poco que contarle. Oriente -si he de ser absolutamente sincero- me ha decepcionado un poco (por lo que se refiere a lo visual: color, paisaje, etc.). New Delhi no es una ciudad. Es un conjunto de jardines, llanos, descampados y, a distancias enormes, casitas y casotas inglesas. El Palacio de Gobierno es suntuoso como un pastel. Es un palacio mogul del XVIII que recuerda -valga la analogía- Versalles. Delhi, es muy hermoso.. Los jardines son preciosos. Pero he visto poco el país. Estoy encerrado en esta isla diplomática. El protocolo es virreina1 aún, es decir, dos veces estirado. Las invitaciones, múltiples. No abundan las mujeres bonitas, ni las personas inteligentes entre mis nuevos colegas. Y Relaciones -que no me asciende- nos tiene en una situación difícil, que ya empieza a ser insostenible. Tengo mucho trabajo -los otros compañeros tienen aún menos experiencia diplomática que su servidor- y me paso el día haciendo notas o contestando invitaciones... Así, ni escribo, ni leo y apenas vivo.
Y aquí corto, querido don Alfonso. Ojalá que pronto tenga alguna carta suya y la feliz sorpresa de recibir la Ilíada (buen antídoto contra el Mahabarata y el Ramayana, que me propongo leer en estos meses).
Muchos saludos a Manuela y para usted un abrazo de quien lo quiere y admira,
Octavio Paz
México, D.F., 4 de febrero de 1952.
Esperaba con anhelo sus letras desde Nueva Delhi. Recibí y agradecí mucho su tarjeta al paso de Atenas. Me restablezco, aunque lentamente. Sus primeras impresiones ya las esperaba. Sígame contando, que espero también una lenta evolución en su sensibilidad
y en sus emociones. Allá va la Ilíada, naturalmente. Que le haga de contrapeso. Y allá va, herido y todo, el corazón de su amigo
Alfonso Reyes
Marzo 26 de 1952.
...Y puesto que me pide que lo ponga al tanto de mis proyectos, le contaré brevemente lo que pienso.
Coincido con usted en que debo
regresar a México. Me hace muchísima falta. Había pensado hacer el viaje a fines del
año pasado o a principios del actual -y quedarme allá una temporada larga. El traslado a la India cambió mis planes. Ahora he pensado quedarme
aquí -a pesar del clima y otras incomodidades-. Mi familia se reúne conmigo en estos meses, apenas la niña acabe el año escolar. (Eso es lo único que me da pena: cortar sus estudios.)’
pienso prolongar mi estancia en la India un año más y lograr mi regreso a México para marzo o abril de 1953. Mis razones: primero, aprovechar un poco esta experiencia oriental y conocer algo el país (especialmente el Sur y los grandes templos medievales, como Konarak y Bhuvaneshwar,’ que sólo se pueden visitar en invierno);
segundo, utilizar mis ocios -que serán mayores en cuanto mi jefe emprenda el vuelo- para
terminar algunos trabajos pendientes; y tercero, regresar ahora, en plenas elecciones y cambios, es exponerse a que nadie le haga caso a uno.’ Además, quiero regresar como primer secretario. Eso me defenderá un poco, económicamente. Y, por otra parte, me dará la posibilidad de, tras algunos años de trabajo en la Secretaría, pedir mi ascenso a
Consejero y salir nuevamente. Hace un mes escribí al señor Tello,4 solicitando mi ascenso. El asunto fue turnado -“con sus recomendaciones”- a la Sección de Personal. El licenciado Portes Gil regresa dentro de unos días a México y me ha prometido hablar con Tello e, incluso, con el presidente. Si usted -sin que esto signifique una molestia o una gestión
especial- pudiese decir algo a Tello sobre este asunto, me haría un gran servicio. Creo que unas palabras deusted y otras de Portes Gil bastarán.
Tengo listo un pequeño
libro sobre la poesía. No me atrevo a llamarlo Poética -no lo es, en realidad- pero tampoco Retórica. Es un manuscrito de 120 páginas: cuatro capítulos y un apéndice que, con ejemplos, ilustra la lucha que entablan en la entraña de todo lenguaje prosa y poesía, razón y ritmo, oración e imagen. El libro aún no tiene título. No sé dónde podré publicarlo. Ya no me atrevo a pedirle que le encuentre una caritativa editorial... De todos modos, apenas tenga listas las copias, le enviaré una. Ya me dirá su opinión.En el verano -que, acaso, si el Consejero se muestra comprensivo, pasaré en Cachemira- pienso ordenar y terminar un libro de ensayos críticos, sobre temas mexicanos, como sigue:
Introducción a la Historia de la Poesía Mexicana, Sor Juana, Tablada, López Velarde,
Gorostiza, Villaurrutia y Pellicer (los dos últimos por escribir); segunda parte: El horror en la escultura azteca (por escribir), Velasco, Rufino Tamayo en la Pintura Mexicana, Frida Kahlo, Buñuel y Los Olvidados, Silvestre Revueltas, Valle de México. Quedan sueltos algunos artículos sobre temas no mexicanos, especialmente uno sobre Antonio Machado y otro sobre Robert Frost, que no sé si incluir.’ No pretendo, ni mucho menos, dar un panorama completo de la poesía y la pintura de México. En realidad se trata de una colección de artículos y ensayos, escritos en los últimos años y casi todos perdidos por revistas o periódicos. Muchos de ellos han sido publicados (Sur, Cuadernos, Novedades, etc.). ...
Octavio Paz
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