C.J. PETERS and MARK OLSHAKER: “VIRUS HUNTER”; Anchor/Doubleday, New York, 1997.
Es el testimonio autobiográfico de un eminente epidemiólogo que por
momentos adquiere la
forma de una saga de suspenso científico. El autor, un alto funcionario en Salud Pública y un coronel
del ejército, cuenta aquí la historia de su vida, que es la historia de una apasionada investigación en el campo de los
VIRUS que vienen azotando la humanidad.
En su infatigable persecución de los agentes de la fiebre hemorrágica, recorre Bolivia, Panamá, Méjico, Bolivia, Guatemala y Africa, narrando,
con mucho detalle, todas las vicicitudes laborales, culturales y médicas de sus expediciones desde los años 70 hasta el presente. Los fracasos, los logros, el surgimiento de las hipótesis y su confrontación en la realidad, los trabajos de laboratorio con animales, todo es transmitido
al lector en forma muy real y vívida.
La Argentina aparece en dos momentos. Una vez en una brevísima alusión a un “obscuro e inclasificado virus recientemente identificado” y en otro episodio, más extenso, en el que se refiere a una investigación conjunta hecha en la década del ochenta, donde queda resaltada la genialidad de algunos investigadores argentinos, como también la negligencia e ineficiencia de las instituciones.
En el último capítulo, ilustrado con un
episodio de ciencia ficción - más probable que ficción - hace un llamado al mundo proponiendo ideas para lograr una mayor vigilancia y prevención en la guerra contra estos asesinos biológicos y también alerta acerca del inmenso peligro si los virus pasan a formar parte del arsenal bélico de los terroristas.
El lenguaje es sencillo y accesble pero es un libro al que hay que prestar mucha atención para entender. No es que sea difícil, pero sí tiene muchos pasajes irremediablemente técnicos que, si bien están suavizados con explicaciones que no traban el relato y con anécdotas amenas, requieren un cierto esfuerzo por parte del lector.
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