Estudios paleoclimatológicos y de epidemiología, permiten entender un mapa de salud del siglo XVI en la Nueva España.
El doctor Carlos Hernández, médico de Su Majestad el Rey de España, documentó una espantosa forma de fiebre hemorrágica que sería la responsable del deceso de más de 20 millones de aborígenes y cuya conexión será a través de una zoonosis provocada por un hantavirus presente en los roedores y quedebido a la inclemente sequía que endureció la tierra y destruyó los cultivos, obligó a los roedores a buscar fuera de sus madrigueras.
El problema es que actualmente en México están reunidas las mismas condiciones que en ese entonces: Extrema pobreza de la mitad de la población, falta de vitaminas y proteínas por el poco acceso a la carne (En colonias de Quintana Roo, un estado sureño, se come carne una vez a la semana cuando mucho), marginación social por la pobreza lo que los lleva al hacinamiento, una sequía incesante con lluvias ocasionales en varias partes de la República mexicana y la peor alimentación por lo caro de los productos al grueso de la población, además de la proliferación de roedores con toda clase de secuelas (recordemos que la yersinia pestis vive en las pulgas de las ratas). Tristemente, la posibilidad de una
pandemia de proporciones descomunales, y que afecte a la humanidad en su totalidad, enmarca muy bien con la profecía de Apocalipsis, donde "por estas plagas murió la tercera parte de los hombres" (Apoc. 9:18-20).
Estamos en el umbral de una gran catastrofe, y es tiempo de volvernos a Dios y recibir a Su Hijo Jesucristo en nuestras vidas.