El caso de la niña camboyana, al igual que otros similares, se eclipsó pronto de la prensa internacional, pero ha continuado invadiendo portadas en la cada vez más ruidosa prensa rosa de Camboya. La crónica más tañida se produjo cuando un actor local, popular por su papel estelerizando una versión camboyana de Tarzán, divulgó en grandes titulares recogidos por las publicaciones de prensa que se había cautivado con la mujer salvaje de Ratanakiri y que viajaría hasta la jungla para pedir su mano.El galán hizo el viaje, se fotografió junto a Rocham -las imágenes fueron publicadas a toda página- y prometió volver en unos días para consumar una boda que tenía todo el sentido, al menos promocional: él, hombre salvaje (en la ficción), y ella, la mujer salvaje (en la vida real). Nadie ha vuelto a ver al actor por Oyadao y la familia de Rocham ha dejado de esperarle. No sabemos dónde está", dice decepcionada su madre.Rifá ha tratado de mantener a Rocham alejada de la atención de los medios, convencido de que su recuperación será más rápida si vive rodeada de normalidad, razón por la que siempre se ha negado a que sea trasladada a la capital. El psicólogo de la Universidad de Oviedo, que pasa la mitad del año en Camboya, se ha convertido en su protector, vigilando el trato que recibe de su familia, las autoridades y los vecinos. Para él nunca ha sido la niña mono ni la chica salvaje descrita por los medios, sino un caso más dentro del drama de las mujeres indígenas de este país asiático. "Tan importante es adaptar a la chica a su comunidad como adaptar a las demás mujeres indígenas a la sociedad. Tan perdida está una como las otras", asegura.El progreso ha pasado de largo en las poblaciones más remotas de Ratanakiri, que han vivido de la selva sin apenas contacto con el exterior durante 5.000 años y ahora se ven cercadas por las empresas madereras y un desarrollo que no las tiene en cuenta La prueba de hasta qué punto es éste un lugar abandonado a su suerte es que, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciaba la semana pasada un descenso de la mortalidad infantil en el mundo, en Ratanakiri cada vez menos niños cumplen los cinco años.Rifá coordina un proyecto español que va a tratar de cambiar, en lo posible, la suerte de las poblaciones nativas de la selva camboyana. La Unión de su ONG, Psicólogos sin Fronteras ONGD, la Universidad de Oviedo y la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (Aecid) ha puesto en marcha la mayor iniciativa humanitaria llevada a cabo en la zona.El objetivo es evaluar la necesidad de las mujeres indígenas y dotarlas de las herramientas para que aprendan a ayudarse a sí mismas, rompiendo el ciclo de pobreza que atenaza a sus familias. Se trata de un modelo de ayuda que, lejos de imponer una forma de vida o soluciones occidentales, pretende utilizar las redes comunitarias que han existido durante siglos, potenciarlas y tomarlas como plataforma para enseñar a las mujeres a prevenir su muerte durante el parto o buscar ayuda psicológica cuando la necesiten. Un Centro de Formación para Mujeres Indígenas se encargará de ofrecer una educación que extienda los conocimientos entre la población y garantice su transmisión de generación en generación.Rocham será una de las miles de mujeres que se beneficiarán de la iniciativa española en los dos próximos años. EL Proyecto de cooperación español dispondrá en unas pocas semanas de una unidad móvil de asistencia psicológica que visitará Oyadao de forma regular, incluso en la época del monzón si el tiempo lo permite. Rifá espera que Rocham empiece en los próximos meses a alejarse de los alrededores de su casa, integrándose en la aldea y realizando tareas como ir al mercado. Lo que tiene que hacer es, sin dejar de ser ella, moverse en el contexto en el que le ha tocado vivir", dice Rifá poco antes de partir de nuevo, una semana después de su última visita, a las junglas de Ratanakiri.Al volante de un viejo Toyota, el psicólogo español se dispone a abandonar Phnom Penh en dirección norte, cruzar el río Mekong, adentrarse en la selva, pasar medio centenar de puentes de madera y atravesar esa carretera de piedras que volverá a ser intransitable con el regreso del monzón. Al final del camino, 12 horas después, Rifá dice que no se encontrará con ninguna niña salvaje. "Porque Rocham no es una niña salvaje", asegura. "Sólo una niña que vive en la selva".Los bosques de Oyadao están en el extremo nororiental de Camboya, una de las zonas más atrasadas del mundo. Allí se perdió, durante 20 años, Rocham Phoeung.