Heredia, nace en 1987, con esta primera
novela de Ramón Díaz Eterovic. Es un detective privado atípico, un bebedor, aventurero, marginal y solitario que gusta de la buena lectura y de los tangos y que
tiene un compañero, un gato llamado Simenon, con quien suele conversar. Simenon es como su conciencia. Heredia es un desadaptado para la época que le tocó vivir, no usa teléfono celular, vive en un céntrico y pequeño departamento atestado de libros y documentación, en un desorden que sólo él entiende. Es un hombre duro, pero a la vez sentimental que no escatima esfuerzos en ayudar a quien se lo solicita. Es un hombre de costumbres arraigadas, concurre siempre al mismo bar, recorre las mismas calles céntricas y de vez en cuando se enamora.
En esta novela, Heredia, debe atender la solicitud de una joven, Marcela Rojas, que acude a él para saber sobre el paradero de un familiar desparecido durante la
Dictadura Militar en Chile. Heredia no trepida en
introducirse en la maraña profunda, oscura y violenta de la dictadura. Marcela representa a muchas mujeres que buscando a sus familiares desaparecidos han tenido que introducirse en el infierno de un régimen que causó tanto daño.
El autor penetra en ese infernal laberinto, utilizando los elementos de la novela policial, con mucha acción, poco diálogo, un ambiente soterrado, lo que es una metáfora directa de la sociedad chilena en esa época. Heredia podría verse como un perdedor, pero lo bueno que hay en él es que a
pesar de que no es para nada exitoso, el lector se encariña con él y siempre espera un nuevo libro con sus aventuras y a pesar de lo sórdido de su misión, al final de la novela, Heredia demuestra que aún tiene esperanzas que vendrán tiempos mejores muy pronto.
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