Por Marta Farreras
Amir Valle, autor nacido en Cuba en 1967 y actualmente residente en Berlín describe en su
novela Santuario de Sombras dramáticas y dolorosas anécdotas, tratando la marginalidad y el tráfico ilegal de las personas. Su forma de narrar y el tema en sí traspasa la ficción para acercarse notablemente a la realidad. Metafóricamente y desde el título de esta obra, las sombras son los testimonios reales recogidos entre supervivientes que han intentado atravesar el mar hacia Estados Unidos.
Podría definirse la escritura de Amir Valle como una
literatura humanista. Durante las 200 páginas de esta premiada obra las escenas resultan desgarradoras en su poco sutil forma de denunciar la criminalidad de los hechos. Bajo la voz de un narrador central, la historia está protagonizada por un policía solitario y un investigador, Alain Bec y Alex Varga, y es a través de ellos que intenta crear conciencia alrededor de una de las situaciones más crueles que hay en su país, el siniestro mundo de los balseros víctimas de abusivos traficantes sin escrúpulos, balseros que junto con sus familiares su único "pecado" es pretender salir de Cuba hacia el
exilio y el encuentro de una vida alejada de las privaciones y la injusticia.
No obstante el narrador central, cada personaje se erige en su momento en un narrador fundamental. Ignacio cree que sus tres hijos y su mujer siguen vivos y por lo mismo habla en plural, pero no un plural mayestático, pedante, sino uno preocupado, aglutinante. Tendrá que morir para que sigan juntos y haciendo un conjunto.
Los que han muerto leyendo este libro forman el Santuario de Sombras y por su espíritu palpitante parece que están vivos. Hay un momento curioso en la novela en la cual el autor Amir Valle menciona a un personaje homónimo suyo. ¿Simplemente homónimo? Tal vez una forma de encarnar en papel el efecto de los hechos que ocurren en un país mitificado, muy mitificado por una izquierda europea.
No queda nada de aquel Fidel que encarnó los sueños ingenuos de los europeos y no exclusivamente de ellos. Escribir sin miedo, sin censura, con plena libertad de expresión es aún hoy uno de los sueños mnás ingenuos de muchos escritores que viven en la isla. Conrad decía que sobre todo escribía para que la gente viera, pues esta novela logra que la gente vea, pero hubo de ser escrita fuera de la isla.
Amir Valle, el autor, dice que esta novela no se hubiera podido escribir si los verdaderos protagonistas no hubieran permitido con su ayuda todo el aporte de información. Es así un homenaje a todos los que han cruzado o intentado cruzar hacia Estados Unidos.
Escrito con emoción, conmueve; sin embagro, su escritura es sobria y para nada lacrimógena. Cuando uno escribe sobre algo tan cercano, sobre un país al que se quiere mucho tiene que estar en una realidad paralela porque de lo contrario, la afectación y compenetración excesiva se vuelven un estorbo, un ancla o una venda.
Escribir ficción, ¿es un refugio? Hay una mirada ficticia, una mirada de la imaginación. El libro y éste en particular tiene verdadera vida.
La novela Santuario de Sombras es la cuarta de una serie, pero puede ser leída independientemente.