Una enrevesada historia en la que, al más puro estilo Agatha Christie, los vecinos de un pequeño
condado elegido como lugar de descanso de una comunidad de
escritores se convierten en el reducido grupo de
sospechosos de un crimen. La víctima es, precisamente, uno de esos escritores, que aparece con las
manos cortadas en el interior de una barca a la deriva. Casualmente, el inspector de Scotland Yard Adam Dalgliesh -el célebre personaje de P. D James que, por cierto, escribe poesía- está en el condado, en casa de su tía, y se ve implicado en los sucesos. La Policía Local considera que, a pesar de las manos cortadas, la
muerte del escritor pudo ser natural, pero la muerte de uno de los principales sospechosos, hermanastro de la primera víctima, da un giro a la investigación. En una novela así, y aunque esto se trate de una sinopsis, no hay que dar más detalles: es de lo mejor de P. D. James.
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