Sólo mido un metro sesenta y siete pero peso algo más de noventa kilos. Lo sé, tengo unas medidas envidiables pero no una
salud a prueba de infartos. Empecemos... hola, me llamo Damian, tengo 34 años y sí, soy adicto al sedentarismo perverso y a los mal(dit)os hábitos alimenticios, pero no culpo ni a mi nevera ni al gimnasio al que deje de ir hará 4 años junto a mis compañeros de sudor y baños turcos,... no, ya no me romperé el cuerpo para las chonis chispeantes ni os echaré de menos macizos levanta“galletas”.
Al lío. Trabajar desde casa mola: vas a trabajar en pijama con las legañas puestas, como dice mi amigo Jordi, pasas un cuarto de hora más en la ducha pensando en todos los pringados que escuchan la COPE u otra emisora en medio de los atascos matutinos, y dispones de libertad total de horario y descansos para entregarte a los pecaminosos placeres del picoteo, momentos en los que te trae sin cuidado tu metabolismo.
Suena genial, hasta que un día te encuentras a un viejo amigo en el Carrefour, va y lo primero que te suelta es... “Hola Damian, cuánto tiempo.. cómo va eso, joder, estás bien alimentado ey xD”. Vaya, que majo es mi amigo. Tenía razón. Así que, está decidido, quemaré calorías a trote ligero media hora al día. Excelente iniciativa. Pero pasan tres meses y sólo perdí 2 kilos. ¿Cuál es el problema, qué es lo que hago mal? Para situaros, llevo 4 años de sedentarismo y malos hábitos alimenticios; tiempo en el que he pasado de 69 kilos a 91 kilos. Así que tengo un sobrepeso de al menos 20 kilos. La hora del cambio está por llegar, pero paso de las dietas milagrosas o tomar pastillas, tampoco quiero pasar hambre, tan sólo aprender a comer sano y equilibrado. Para entender mi postura, haré el símil con una frase celebre de Lao-tsé: “Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida.” Mi versión personal de la frase es la siguiente: “Si sigues dietas milagrosas, pasarás hambre. Si aprendes a comer sano y equilibrado, disfrutarás comiendo.” Piensa en esa frase y hazla tuya.
Me puse a investigar, pero al final las todos predicaban lo mismo: dietas bajas en grasas, bajas en calorías o en carbohidratos. Las había probado y no funcionan. Además, esta vez no es lo que buscaba, quería aprender a comer sano y equilibrado de una vez por todas, conocer el secreto de los alimentos y aplicarlo en mis menús a diario. Así que un recetarío sería un buen punto de partida. Y así es como me he topado con el libro “Comidas adelgazantes: más de 200 recetas 'quema grasas'.”, un recetario que usa alimentos 'quema grasas' en la composición de los menús.
¿Era ése era el sacrosanto secreto? Combinar los ingredientes adecuados para adelgazar y llevar una alimentación más sana. Si eso ya lo sabía yo, y tú, y todo el mundo. Pasa que nadie sabe cómo hacerlo, y ahí radica el problema de sobrepeso de muchos. No tengo disciplina, y las privaciones no son lo mio pero ese libro, valía la pena echarle un vistazo. Contiene más de 200 recetas, desde chop suey de ternera hasta pollo empanado pasando por hamburguesas, croquetas caseras, paellas y pizzas... tantas palabras transgresoras en una sola frase hacen subir mi nivel de colesterol con tan sólo leerlas. Pero el secreto está en sustituir ingredientes por otros alimentos 'quema grasas',... y voilà.
No sólo he aprendido a comer cinco veces al día sino también a disfrutar de postres 'quema grasas' sin remordimientos, en especial del sabroso tiramisu, los donuts o los bizcochos caseros para el desayuno y la merienda. En resumidas cuentas, la clave estaba en escoger los ingredientes correctos y cambiar mis hábitos alimenticios, una forma de engañar a nuestro metabolismo ya que éste quema calorías conociendo nuestros hábitos alimenticios... y aprende rápido, de ahí mi fracaso de intentar perder peso caminando 30 minutos al día sin cambiar mi dieta, mezclando toda clase de alimentos y a todas horas.
En el libro “Comidas adelgazantes: más de 200 recetas 'quema grasas'.”, todos los alimentos vienen catalogados por dos colores, verde y rojo. Adelgazar sin pasar hambre está a la orden del día, y es tan sencillo como escoger las recetas sin mezclar los colores. Incluye una tabla de alimentos 'quema grasas' que, en mi caso, me ha ayudado para sortear las trampas escondidas en las cartas y menús de los restaurantes cuando como fuera. Llevo tres meses con el libro y ya he perdido otros 12 kilos, sin pasar hambre. De hecho como más que antes, sigo una alimentación sana y correcta. Al principio me llevaba mi tabla de
alimentos quema grasas en todos sitios, como buen predicador que era de este recetario, y mis amigos y familia están encantados. Ahora soy yo el que le lleva los platos cocinados a mi madre los domingos. ;)