Desde su más tierna infancia Sheila escuchó a su
madre repetir la misma frase: 'El día más feliz de mi
vida será cuando te cases, Sheila'
A los treinta años, Sheila Levine aún sigue soltera, come demasiado como para conseguir la figura de sílfide soñada y sabe perfectamente que nunca será la adorable criatura con la que su madre soñaba. Y Sheila está cansada de perseguir hombres que todavía deseen el matrimonio con una buena chica judía, de intentar conservar la línea, de seguir las recomendaciones de sus padres, de la vida en Nueva York, y harta de un novio desastre al que no quiere pero al que tampoco deja.
Sheila decide suicidarse. Y está dispuesta a preparar su propio suicidio, con funeral incluído, con muchísimo estilo, que por algo ha vivivo tantos
años en Nueva York.
Un retrato divertido e irónico de un tipo de treintañera que está a punto de desaparecer... ¿o quizá no? ¿Recuerdan Bridget Jones? Aquí están sus raíces.
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