El historiador y ensayista Enrique Krauze, uno de los más avanzados discípulos de Octavio Paz, lo ha definido como
hombre de su siglo. Esta definición, aplicable a más de uno de los intelectuales del
siglo XX, puede entenderse en varias formas; como hombre cuya vida inicia y termina en este periodo o bien, como un
intelectual que dedicó su esfuerzo reflexivo y creador a escribir sobre el siglo XX y los hombres y mujeres que lo habitaron; o, también, como un crítico que analiza con elementos perspectivos de este siglo las creaciones de siglos anteriores. Para el caso de Octavio Paz caben estas tres posibilidades interpretativas de la definición de Krauze, puesto que vivió y nació en este siglo, también dedicó la mayor parte de su
obra reflexiva crítica (con excepciones como el libro
Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, y sus ensayos sobre algunos clásicos como
Quevedo), a ensayar sobre temas y personajes de este siglo; y, asimismo, a reflexionar, con la mirada del siglo XX, sobre acontecimientos y
autores del pasado. La posición crítica de Octavio Paz, equilibrada entre la tradición y la ruptura, se presenta para algunos autores como el arquetipo intelectual de este periodo. Como ejemplo de esta visión está la
española Fanny Rubio, para quien Octavio Paz es el gran intelectual, sin par en su momento, en lengua española; en contrapunto, para otros autores como el mexicano Antonio Alatorre, Paz representa el prototipo del antiintelectual, más preocupado por su persona que por su pensamiento. A partir de su ensayo
El laberinto de la soledad, publicado al mediar el siglo, Octavio Paz se convierte en una voz buscada y escuchada en México. Pero su obra no se inicia en los años cincuenta del siglo XX, sino antes. Si hemos de atender a sus palabras, Octavio Paz escribe poesía desde niño y reflexiones de tipo ensayístico desde la adolescencia. Un recorrido a través de su obra necesariamente habría que dividirlo en varias etapas y géneros. En cuanto a las primeras, deben considerarse las etapas juveniles en las que gravita alrededor de revistas literarias como
Barandal y
Taller, y, en su madurez, en publicaciones como el suplemento cultural
Plural (del periódico
Excélsior) y la revista
Vuelta, de la que fue su fundador y director hasta el final. En cuanto a los géneros literarios, su obra se desarrolla en la poesía y el ensayo. Escribió una pieza teatral,
La hija de Rappacinni, que el propio Paz denomina como "poema dramático".
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