El Martín Fierro ha sido y sigue siendo considerado la obra máxima de la literatura gauchesca. Aunque son tantos los valores,
los detalles de vida, las particularidades de los argentinos que se leen directamente y entre líneas, que la actualizan permanentemente. El Martín Fierro es la historia de un gaucho, que se identificaba con todos su similares, pero que a la vez muestra rasgos del ser argentino que trascienden épocas y lugares. Su sentido del honor, de la familia, inclusive el sentido de patria que se evidencia el la obra, son parámetros increíbles de encontrar en forma tan evidente y expuesta.
El gaucho sufre el desarraigo, el destierro, todas las ignominias que un país politizado, ignorante de sui potencial humano, injusto y traidor puede brindarle. Su respuesta es solo la lucha por la vida, por mantener el escaso honor que le han dejado, por legarles a sus hijos su historia, su ejemplo, su lucha e inclusive su libertad, para que no carguen con más dolor todavía.
Toda la obra es un canto a la vida, al honor, a la voluntad, a la amistad, a la familia. Y es a la vez un grito contra la injusticia, el dolor, el abuso del poder, la ignorancia, la maldad, la ignominia.
Es un testimonio acertado, cruel pero constructivo. Muestra la argentinidad en su aspecto más descarnado, pero obliga a tomar partido. O rescatamos los valores trascendentes, o nos amparamos en la politiquería que sólo promueve a través de la destrucción de los demás.