Del materialista jónico Heráclito, que vivió a finales del siglo sexto y principios del quinto antes de nuestra era, se conservan
un total de 126 fragmentos filosóficos, extraídos de obras de autores posteriores que los citaron.
El más famoso es el que define su visión dialéctica del mundo como cambio constante: Es imposible sumergirse dos veces en el mismo río. Las cosas se dispersan y se reunen de nuevo, se aproximan y se alejan (fragmento 91). También, los que muestran el elemento material que refleja este continuo devenir, el fuego: Todas las cosas se cambian en fuego y el fuego en todas las cosas, así como las mercancías por oro y el oro por mercancías (fragmento 90). El fuego al avanzar juzgará y condenará todo (66). El rayo gobierna todas las cosas. (64). Este mundo, que es el mismo para todos, no lo hizo ningún dios o ningún hombre; sino que fue siempre es ahora y será fuego siempre viviente, que se prende y apaga medidamente. (30)
Este fluir está marcado por la conflictividad constante entre elementos contrarios que se dan vida al tiempo que se combaten unos a otros: El fuego vive de la muerte del aire, y el aire de la muerte del fuego; el agua vive de la muerte de la tierra, y la tierra de la muerte del agua (Fragmento 76). Lo contrario se pone de acuerdo, y de lo diverso nace la más hermosa armonía, pues todas las cosas se originan en la discordia (8). Lo frío se calienta, lo cálido se enfría, lo húmedo se seca, lo seco se humedece (126). Los hombres ignoran que lo divergente está de acuerdo consigo mismo. Es una armonía de tensiones opuestas, como la del arco o la lira (51). Porque es muerte para las almas el convertirse en agua, y muerte para el agua el convertirse en tierra. Pero el agua procede de la tierra, y del agua el alma (36).
La lucha sin cesar es la esencia del mundo y el estado en que viven los contrarios: La guerra es el padre y el rey de todas las cosas. A algunas ha convertido en dioses, a otras en hombres; a algunas ha esclavizado y a otras ha liberado (Fragmento 53). Debemos saber que la guerra es común a todos y que la discordia es justicia y que todas las cosas se engendran de discordia y necesidad (80). La armonía no manifiesta es superior a la manifiesta (54).
Y todo este devenir y este combate continuo de contrarios existe en unicidad: La sabiduría es una sola: conocer la razón por la cual todas las cosas son dirigidas por todas (Fragmento 41). Si atienden no a mí sino a la razón, estarán de acuerdo en que la sabiduría consiste en que lo uno es todo (50). Hay un mundo uno y común para los que están despiertos, pero el que duerme se reduce a un mundo propio (89).
Entender el mundo como lucha entre contrarios explica nuestra concepción de la vida y cómo según el lugar que se ocupa en cada momento, la realidad nos parece y es distinta: Es la enfermedad la que hace agradable la salud; el mal, el bien; el hambre, la saciedad; el cansancio, el reposo (Fragmento 111). Los cerdos se satisfacen en la inmundicia antes que en el agua pura (13). Los cerdos se lavan con lodo. Las aves de corral, con polvo o ceniza (37). El mar es el agua más pura y la más impura. Para los peces es potable y buena; para los hombres, impotable y fatal (61). Para el dios todas las cosas son hermosas y buenas y justas, pero los hombres sostienen que algunas cosas son injustas y otras justas (102).
Heráclito fustiga también en sus fragmentos la superficialidad, la erudicción vacía y el hedonismo. Hasta Hesíodo y el mismisimo Homero se convierten en blanco de sus fleches; el primero, por alentar la superstición al considerar que hay días nefastos, el segundo porque, como poeta, adorna en lugar de profundizar. Incluso ejemplifica en sus paisanos de Efeso la decadencia que va unida al lujo material: Si la felicidad consistiera en los placeres del cuerpo, llamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran algarrobas para comer (Fragmento 4). No es mejor para los hombres lograr todo lo que desean (110). Un día es igual a otro (106). Homero debería ser suprimido de los certámenes y vapuleado, lo mismo que Arquíloco (42). La riqueza no os debería faltar jamás, oh efesios, puesto que vuestra inferioridad es manifiesta (125).
En otras frases, Heráclito parece adelantarse al Conócete a ti mismo socrático y algunas dan incluso un ligero aroma de puro gnosticismo (otra doctrina, bastante posterior y nada materialista, basada en el combate de contrarios): Yo me escudriñé a mí mismo (Fragmento 101). Está en poder de los hombres conocerse a sí mismos y ser sensatos (116). El hombre, cuando está beodo, es conducido por un muchacho imberbe, tambaleándose, ignorando donde pone los pies, con el alma humedecida (117).