Epígrafe:
“La libertad es la soberanía de un individuo para decidir
su vida sin presiones ni condicionamientos, en exclusiva
función de su inteligencia y voluntad”.
Marío Vargas Llosa en su presentación de Don Quijote de La Mancha, en la edición que conmemora el IV Centenario, nos refiere que ésta es una “novela de hombres libres”, entre otros tópicos; es por esta razón que trataremos de abordar los aportes que como escritor efectúa Miguel de Cervantes Saavedra en el género narrativo, desde la perspectiva de hombre libre que intentó configurar Cervantes a través de su libro. Cabe destacar que Cervantes a través del Quijote, estremece sin compasión el mundo que le rodea de una forma absolutamente sutil innovando en el arte de narrar las herramientas estéticas, de vocabulario, diálogo, ambientes, tiempos y conjugaciones; así mismo el hombre que protagoniza esta historia se encadena a una fantasía que lo libera de su realidad, la imperante en el siglo XVII en el imperio español, que se puede denominar de la decadencia; basándonos en la historia real que nos dibuja un imperio que se empeña en mantenerse tan sólo de viejas estructuras y glorias caducas, que no es capaz de sostener su economía ni su hegemonía. Esto deja a Cervantes imbuido en una sociedad de hombres que creyéndose dueños del mundo, han perdido la perspectiva, no perciben que el orden de las cosas en su entorno está muriendo en lo tangible, lo cotidiano. El sistema de valores imperante aunque inoperante no permite la localización de una mirada certera sobre lo que ocurre sino que como una gran bestia enceguecida, genera en su interior mayores represalias, arbitrarias y crueles para mantener el control sobre un pueblo deprimido; el cual sostiene sobre sí una clase burguesa que cada día se torna más improductiva y torpe, un peso muerto sobre el que se soporta a su vez, una clase dominante ociosa, ignorante y prejuiciosa. Dentro de esta realidad terrible, Cervantes acomete la expresión de una mirada panorámica y plural que no privilegia sus consideraciones entre lo particular o lo general, lo humano o lo divino, sino por el contrario cada vez más integral conjuga todos los tópicos que permitan recrear un mundo nuevo y posible. Así en la narración encontramos tiempos diversos una conjugación de tiempos reales, ficcionados y sentidos por el autor y los personajes, por los lectores, -como se evidencia en la segunda parte de la historia narrada, en la cual hace uso del tiempo de los mismos personajes dentro de la obra, cuando los hace aparecer como conocedores de los personajes que participan en la misma. Infinita se vuelva aquì la representación de personajes y sus modos, las interpretaciones, así como los narradores, en palabras de Vargas Llosa uno de los mayores aportes en el ámbito novelesco: El tratamiento del narrador y del tiempo.
Cabe destacar que Cervantes intenta dibujar un mundo que ya siente superado, una suerte de tiempo agotado en sus planteamientos y valores y al hacerlo parodia lo que cree ya superado, y al mismo tiempo rescata los principios más valiosos de ese tiempo. Esto es algo que ocurre en la ficción, en el hecho mismo de narrar y cómo se hace, así como del tiempo real que le ha tocado vivir y conocer. Así en el Quijote encontramos siempre la ambigüedad, la relatividad en cada tópico que cotejamos entre la verdad y historia narrada. Es tan descabellado el hacer de Cervantes, tan inimaginado que al estudio y análisis de las formas textuales y contextuales, así como de intención encontramos una retórica que nos sorprende y abunda en detalles inagotables. Podemos destacar la desestructuración de los argumentos caballerescos para, una vez minuciosamente examinados, revalorizarlos y resemantizarlos dentro de una nueva realidad narrativa. ¿Qué expresamos con esto?
El acometimiento por parte de Cervantes de la argumentación de un tipo de narrativa decadente, como lo expresa al decir que Alonso Quijano se enloqueció por leer muchas novelas de caballerías; desvirtuando así el género y exhibiendo la necesidad de un nuevo orden de ideas expresadas en un nuevo formato da paso de forma concluyente a la extinción de éstas sin desmerecer la vigencia de los mejores principios presentes en ellas y de los más ajustados a la inagotable condición humana: La nobleza, la justicia, la igualdad, el heroísmo, la absolución, la entrega a los más desposeídos y el reconocimiento a los sacrificios y esfuerzos que cada hombre debería empeñarse por cultivar en pos de alcanzar la máxima expresión como ser racional, sensible y humano, comprometido con el otro y con su propio entorno, sin prestar atención a las exigencias de las estructuras que mantienen el poder ”subjetivo”. Al analizar las equivalencias entre lo real existente, para la época, y lo ficcional narrado no deja de sorprendernos el total acoplamiento entre lo subjetivo y objetivo dinamizado en la vida del hombre. Las preguntas esenciales del hombre, sus aspiraciones y ambiciones presentadas como fantasías de personajes ficcionalizados, sus cavilaciones y respuestas, conjugadas infinitamente, no dan cabida a la precisión de fronteras entre lo uno y lo otro; más aún permite la idealización de lo más sublime y da paso a lo que se conocerá luego como lo “pastoril”, que no es sino una manifestación de lo menos extravagante, una exaltación de lo sublime y atemperado que permita alejarse del horror y la injusticia.
Geadusoleil