Ética para Amador
Resumen
Hay muchas formas de ser bueno y la cuestión depende del ámbito que se mueve cada persona.
A diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida, no somos libres de elegir lo que nos pasa, sino libres para responder a lo que nos pasa de determinado modo. Además no somos libres para lograr algo sino para intentar lograrlo. Pero los motivos son los que nos influencian para que actuemos de determinada manera.
Otro aspecto interesante, la libertad, la cual no es sólo decidir sino darse cuenta qué se está decidiendo. Por ello sólo es válida cuando se ha pensado dos veces: con la primera se descubre el motivo y con la segunda se cuestiona el mismo. “Nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho”, a veces con eso basta, pero casi siempre se necesita del razonamiento para determinar si es o no conveniente algo.
La “Moral” son aquéllas reglas o normas que consideramos válidas, mientras que la ética se encarga de cuestionar por qué lo son. Hay cosas buenas y malas que nada tiene que ver con la moral y de las cuales conocemos concretamente su utilidad; tratándose de seres humanos, sin embargo, resulta difícil esta clasificación, pues ignoramos para qué sirven. Lo único que se sabe es que la ética se basa en una frase: “Haz lo que quieras”. Lo que significa abandonar lo que nos rige desde el exterior y enfocarse a lo que la propia voluntad reclama desde el interior. La misma contradicción que hay en “Haz lo que quieras”(infinitas posibilidades o una elección entre dos), se presenta en la libertad, pues no somos libres de elegirla o no, sino que “estamos condenados a la libertad”, como afirmó Jean-Paul Sartre.
La base de nuestra cultura es el lenguaje, por lo que hablar y escuchar a alguien, es tratarlo como persona. Es un proceso recíproco igual que la humanización, pues darse la buena vida es al final igual que dar la buena vida. La vida es complejidad y complicaciones. “Lo que poseemos nos posee” y pasamos la vida creyendo que atesorar cosas es vivir, y no reparamos en pensar que de las cosas sólo salen cosas, nos volvemos esclavos de lo propio. Como humanos necesitamos una complicidad fundamental que sólo se da entre iguales. Las traiciones y los abusos se dan, pero convertir a los demás en cosas es la forma incorrecta de defender el derecho propio a no ser tratado como tal.
Como condición ética principal está no tomar la certeza de la muerte como un pretexto para vivir de cualquier modo, sino intentar comprender a cada momento de qué está tratando la vida y cómo se la hace buena para uno, no para los demás, pues “nadie puede ser libre por ti.” Hay quienes creen que no quieren nada y todo les da igual, otros que lo quieren todo a la vez y caen en propias contradicciones, otros que no saben lo que quieren ni intentan averiguarlo, algunos tienen una voluntad muy débil o, en el caso contrario, muy fuerte y no distinguen la irrealidad. Si se es imbécil, se necesita de fuerzas exteriores en que apoyarse y con dificultad se llega a la buena vida.
La culpa y la
responsabilidad también se relacionan con la conciencia, pero lo peor es el remordimiento que es el descontento con nosotros mismos por emplear la libertad en contra de nuestros deseos. Ser responsable es saberse libre para bien o para mal y estar dispuesto a responder por los actos; actuar sin órdenes superiores con un fin de construirse, transformarse e inventarse a sí mismo. Una característica del
ser humano es la imitación, por lo que el ejemplo que se le da a los semejantes es básico. Lo más valioso que obtenemos de nuestros semejantes es la posibilidad de tener la complicidad y afecto de más seres libres, es la forma en que la propia humanidad se refuerza.
La libertad no sirve a nada ni nadie, se contagia. Al perjudicar al prójimo el más perjudicado es al final uno mismo. Tratar a las personas humanamente es saber ponerse en su lugar; ser conciente que, siempre se está de algún modo dentro de los semejantes; o reconocer sus derechos y razones para considerarle igual de real y serio como uno mismo.
La virtud de la justicia es la habilidad y el esfuerzo para saber lo que nuestros semejantes esperan de nosotros, y esto no se logra obedeciendo leyes que establecen sólo el mínimo de esto, sino amando un poco a cada persona como cosa indispensable para vivir bien. Existe una gran censura sobre todo lo que implica placer corporal y no reparamos en pensar que sin su satisfacción no hay vida buena.
Disfrutar nunca será malo mientras no dañe a nadie, es lo que nos aleja de ser animales; el sexo con fines únicos de procreación es por el contrario lo que nos aleja de lo humano. Hay quienes temen al placer porque les gusta demasiado y distrae. Otros “disfrutan no dejando disfrutar”, ellos son calumniadores o incluso puritanos, para quienes lo bueno es lo que nos disgusta hacer y sufrir es más meritorio que gozar, lo que en realidad nada tiene de moral o ético.
El placer que mata no es placer, sino un castigo.
Ojo Vivo