El Fausto
El Fausto, obra literaria escrita por el genio alemán Johann
W. Goethe, la obra empieza en el
cielo donde
en un encuentre entre el Señor y Satanás
se pone a prueba al doctor Fausto, posiblemente esta etapa de la obra
tiene influencia del Libro de Job.
A punto de suicidarse, ya viejo y enfermo el doctor
Fausto pacta con Mefistófeles, un diablo
de mediano rango que lo
lleva por el mundo para que conociera las pasiones; el
motivo del pacto es por el conocimiento, la verdad y la satisfacción total.
El Fausto rejuvenecido por Mefistófeles conoce el mundo de los bribones en La Taberna de Auerbach, donde Mefistófeles
con artilugios mágicos hace brotar vino de la mesa.
En la primera parte
del libro el Fausto seduce a Margarita,
valiéndose de joyas valiosas que son entregadas por Mefistófeles y la complicidad de una vieja
amiga de la muchacha.
En una escena donde
margarita pasea con Fausto alrededor de una alameda; Margarita le dice a Fausto; que su amigo;
Mefistófeles, que pasea con su amiga, es un hombre que le causa temor, pues
lleva en la frente la señal de que no sabe amar, Margarita intuye la verdadera
esencia de Mefistófeles.
El Fausto entrega a
Margarita una pócima para dormir a su madre, la madre muere víctima del abuso
de la droga que le suministra Margarita; Valentín un soldado hermano de
Margarita regresa y burlado por la deshonra de su hermana se bate con Fausto,
quién engañado por Mefistófeles es muerto.
Margarita en un estado de locura se
encuentra presa en el calabozo esperando la hora de su ejecución por haber ahogado al
infante, fruto de sus amoríos con Fausto; Fausto se prepara a rescatarla,
Margarita se niega, Fausto lleva en las manos la sangre de Valentín; Margarita
muere y una vos se escucha desde lo alto “Está salvada”.
En la segunda parte
de la obra Fausto se prende de Helena en un acto de magia, allí ve
las sombras de ella y París, obliga a Mefistófeles a llevarlo al mundo clásico,
donde conciben un hijo
al que llaman Euforión.
Fausto, viejo otra
vez se encuentra reinando un pequeño reino costero; empieza una obra monumental
para robarle terreno al mar y beneficiar a sus súbditos; la obra está
concluida, donde antes estaba el mar son terrenos cultivables y vive la gente. En
ese momento Fausto se siente satisfecho y exclama “Detente minuto, eres tan
bello”.
Llegan las huestes
diabólicas, los ángeles le arrebatan a Fausto y es salvado.