MEMORABILIA GGM Visite el blog memorabiliaggm.blogspot.com para noticias de actualidad
sobre Gabriel García Márquez
COMO SE CONOCIERON VARGAS LLOSA Y GARCIA MARQUEZ (II) A pesar de que como bien apunta Simón Alberto Consalvi, jurado del concurso cuando lo ganó Mario Vargas Llosa, ya se sabía que el próximo sería otorgado a la novela del colombiano, “fue un
premio que se supo con cinco años de anticipación, tomando en cuenta que antes era de carácter quinquenal”, y se necesitó desglosar el veredicto en cuatro puntos.
Después del analisis inicial a las obras concursantes se procedió a efectuar una primera eliminatoria que dejó como resultado una selección de 30 obras y, por último, un grupo de finalistas entre las que se encontraban las siguientes novelas:
Una meditación, de Juan Benet de España;
Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante de Cuba;
Cuando quiero llorar no lloro, de Miguel Otero Silva de Venezuela; y, obviamente,
Cien años de soledad. Como puede verse, un lote magistral, tanto por las obras como por sus autores.
Fallo tan repartido y con tantos elementos en juego no podía dirimirse así no más. Afloraron los celos, las envidias y los egos lastimados. Ese ego que se les lastima tan fácil a los intelectuales. Desde este premio, Cabrera Infante se declaró enemigo irreconciliable de García Márquez y repite que la ascensión al cielo de Remedios la bella es como ver a Mary Poppins en las mismas.
Después de los infaltables, interminables y sesudos discursos de rigor pronunciados por todos los integrantes de la mesa de honor, le tocó el turno a García Márquez que dio oración a la siguiente pieza:
Ahora que estamos solos, entre
amigos, quisiera solicitar la complicidad de ustedes para que me ayuden a sobrellevar el recuerdo de esta tarde, la primera de mi vida en que he venido de cuerpo presente y en pleno uso de mis facultades a hacer al mismo tiempo, dos cosas que me había prometido no hacer jamás: recibir un premio y decir un discurso. Siempre he creído, en contra de otros criterios muy respetables, que los escritores no estamos en el mundo para ser coronados; siempre he creído, y muchos de ustedes lo saben, que todo homenaje público es un principio de embalzamiento. Siempre he creído, en fin, que los escritores no lo somos por nuestros propios méritos, sino por la desgracia de que no podemos ser otra cosa y que nuestro trabajo solitario no debe merecernos mas recompensas ni más privilegios, que los que merece el zapatero por hacer sus zapatos. Sin embargo, no crean que vengo a disculparme por haber venido, ni que trato de menospreciar la distinción que hoy se me hace bajo el nombre propicio de un hombre grande e inolvidable de las letras de América. Al contrario, he venido a regocijarme en espectáculo público, por haber conocido un motivo que agrieta mis principios y amordaza mis escrúpulos, estoy aquí, amigos, sencillamente por mi antiguo y empecinado afecto hacia esta tierra en que una vez fui joven, indocumentado y feliz, como un acto de cariño y solidaridad con mis amigos de Venezuela, amigos generosos, cojonudos y mamadores de gallo hasta la muerte. Por ellos he venido, es decir, por ustedes.
Silencio total en la platea con aquello de ‘cojonudos y mamadores de gallo’. En el siguiente segundo, estallido de aplausos y carcajadas. García Márquez había logrado su cometido.
Su padre, inflaba las solapas del vestido azul que otro de sus hijos había logrado de botín el 9 de abril en Bogotá. “Igual a Pedro Mata, corto y conciso”, decía.
Acto seguido pasó al estrado en donde Alfredo Tarre Murzi en su condición de presidente del INCIBA, le entregó un diploma y el cheque de cien mil bolívares. El diploma lo arrojo por encima del hombro y al cheque lo besó y se lo entregó a Pompeyo Márquez, secretario del MAS.
La prensa venezolana, fascinada con las declaraciones irreverentes del escritor colombiano, y por el desparpajo inusual con que acudió a la cita con el premio, no acató a manifestar su rechazo por el gesto despectivo de arrojar el diploma por encima del hombro.
García M. entregó el premio al MAS, como cumplimiento de una apuesta que había hecho con Teodoro Petkoff un año antes en Naiguatá. El pacto decía que si el premio le era concedido, García Márquez le haría entrega del cheque al movimiento político que dirigía Petkoff. Al respecto García Márquez expuso:
“Les prometí a los dirigentes del MAS que si ganaba el premio, les entregaría el dinero. Ellos nunca me lo exigieron y si me lo hubieran pedido no lo hubiera regalado. Este fue un acto pensado y meditado mucho tiempo y en vista de que ya entregué el dinero he aceptado la invitación del presidente Caldera a almorzar a pesar de nuestras ideas políticas. Por eso reitero: lo que estoy haciendo es un acto político aunque creo que en Venezuela es muy difícil una revolución, por que es en este país latinoamericano donde el imperialismo tiene mas que perder”.
“Empero, lo escrito por el habitante de Aracataca fue quizás lo más revolucionario que pasó por estas tierras. Al menos, sin disparar un solo tiro”, apuntó el periódico caraqueño El Nacional.