El mes de agosto es el mes del aniversario del escritor argentino Jorge Luis Borges cuyos restos descansan en un cementerio
de Ginebra. En su lápida figuran runas celtas, pero no aparece el lugar donde nació: Buenos Aires, ciudad que amó. Quien haya sido culpable de ese olvido, merece el castigo de la piedra. Bajo la amarilla excusa de alejarlo de la prensa, completamente
ciego y desvalido, fue sacado enfermo de Argentina y llevado a morir a Suiza, no obstante, seguía escribiendo prólogos espléndidos para cumplir un contrato con una editorial española. En Buenos Aires quedaron sus amigos, sus muertos y sus lectores que crecen día a día por todo el mundo.
Como lector de Borges, he ordenado palabras de sus
libros en imperfectos endecasílabos y con 14 de ellos he escrito este soneto:
BORGES RESPONDE
Ya sé quien soy, amigo caminante.
Mi bastón le pregunta al recinto:
¿Ya no estuve en este laberinto
Donde Virgilio conversa con Dante?
En mis libros traduje la fortuna
Del río, del jazmín que aroma el verso,
Del tigre, oro cruel del Universo,
De la noche, los astros y la luna.
En el ciego camello del destino
Fui al muere. No tuve más camino
Que el Ródano, un jardín y el incierto
Verbo volver que ya no se conjuga
Con aquel símbolo de la tortuga
Y con Aquiles, otro que no ha muerto.
Miroslav Scheuba
mirosvin@yahoo.com