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Síntesis y críticas breves

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Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos

por : Sybilaleia     

Autores: Martí; José
Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, de José Martí, se lee como un texto apresurado: frases breves, percepciones, pinceladas
relumbrantes. Sin embargo, el entramado textual es profundamente moderno e impresionista y ha sido tejido con dedicación y sutileza, completado en sus espacios blancos con la palabra correcta o reescrito; ya que para el gran poeta cubano sus palabras podrían servir de apunte para relatar la historia futura. El diario puede leerse como la construcción de una identidad nueva: la percepción y la afirmación de la viabilidad de una nación igualitaria e independiente. En el texto, Martí diseña lo que será la gran familia cubana y, por ello, pinta los distintos habitantes de la isla: indios, mulatos, negros, blancos criollos, españoles y otros. La variedad de retratos muestra la diversidad racial y la belleza y dedicación de cada uno de estos habitantes. También se destaca la inclusión de las mujeres y su capacidad de sacrificio; así, son incluidas dentro de la idea de patria de Martí. Los retratos delineados en De Cabo... muestran a los distintos habitantes de la isla igualados en su belleza natural, disposición para el sacrificio y su capacidad de mando. Podría pensarse que estos retratos se alzan en una búsqueda para disolver la dicotomía de lo bueno y de lo malo o de lo feo y de lo bello que subyace, tal como señala Nietzche en La genealogía de la moral, sobre una jerarquía social y clasista. La revolución y la guerra igualan al negro con el blanco y disuelven las jerarquías, tal como señala Martí en una carta al New York Herald, dirigida al pueblo de los EEUU y al mundo: “El campesino negro, más cercano a la libertad, vuela a su rifle, con el que jamás en diez años de guerra hirió a la ley, y sólo se le advierte el jubiloso amor con que saluda y la ternura con que mira al hombre de tez de amo que marcha a su lado o detrás de él, defendiendo la libertad”<2>. La vara con la que Martí mide y describe a sus compatriotas, no posee la forma de un constructo social, sino que es la mirada de un hombre en íntima relación con la naturaleza, en armonía con el universo. De Cabo Haitiano a Dos Ríos, escrito en la incomodidad de la marcha por la selva, ha sido pensado también como una suerte de apunte para la historia futura: “En tiempos más serenos, podría ser, para servir luego a la explicación de los hechos públicos, casi siempre determinados, o torcidos, por la bondad o la maldad de los caracteres personales. Hoy no fuera posible, sin saber a dónde va lo que se escribe, ni si se pierde en el viaje”<3>; así la incorporación de la historia testimonial, no es subrepticia, sino buscada. De hecho, existe un registro casi minucioso de los nombres y apellidos de los compatriotas que colaboran con la causa en su derrotero. La individuación del pueblo funciona como un catálogo de héroes de la guerra, sin importar su rango o raza. Todos quienes son nombrados han compartido los riesgos de la Revolución y, por ello, merecen ingresar en la Historia nacional. Estos retratos son la imagen de la fuerza, del trabajo, de la habilidad, del conocimiento. En contraposición, Martí parece marcado por su ignorancia y debilidad. Los pobladores de la isla son maestros y dadores: comparten sus alimentos y conocimientos con el poeta, y estos saberes compartidos son tomados por Martí como “ofrendas”, en franca comunión con el pueblo que lo asiste. El lugar del saber está puesto sobre los habitantes de Cuba: en las vivencias de la gente común que conoce la naturaleza, las costumbres y la guerra (recuerdos de la Guerra Grande). Debido a esto, el Diario es un compendio de voces regionales y nombres de especies animales y vegetales, de comidas típicas, de medicinas; por lo que ofrece una suerte de materialidad del espacio cubano, una reapropiación del terreno desconocido para el poeta marcado por el exilio. Estos términos no son traducidos, salvo en escasas ocasiones, para un lector no cubano; por lo que se tratade un texto que busca hermanar a los distintos habitantes de la isla, identificarlos en sus saberes y vivencias comunes, sin detenerse en explicaciones para un lector otro. Hacia el final, el poeta plasma sus dudas sobre el buen término de la nueva guerra; sobre todo, por miedo a la disidencia entre generales y tropa (que marcó el fracaso de la Guerra Grande. Martí trata en todo momento de salvar esa desarmonía: “que lo que está en el campo es un pueblo que ha salido a buscar quien lo trate mejor que el español, y halla justo que le reconozcan su sacrificio” (16/5/95). Sin embargo, su trabajo no es reconocido por el líder militar, Mazeo, quien lo tilda de “leguleyo” y “defensor ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento militar” (5/5/95); porque Martí defiende una posición civilista, “el ejército: libre, y el país, como país y con toda su dignidad representado” (5/5/95). Estas desavenencias llevan al poeta, llamado “Presidente” por sus compatriotas, a replegar su mando y su saber ante el poder militar. Y finalmente esto lo llevará a la muerte. <1> El texto se cita como (fecha del diario). <2> Martí, José: Carta al New York Herald, 2/5/1895. <3> Martí, José: Carta a Carmen Miyares de Mantilla y a sus hijos, 10 /4/1895.
Publicado el: enero 25, 2006

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