Sofía es una artista. También es una araña casera, del tipo que no causa miedo ni escalofríos a los niños. Las telas que
teje son espectaculares –o hamacas o prendas o chinchorros con patrones decorativos adoptados de las estrellas o del rayo solar– y su mamá, familiares y compañeras están muy orgullosos de ella. Cuando crece lo suficiente para poder sostenerse sola decide hacer vida aparte. Se muda a la pensión Beekman –un sórdido y destartalado lugar que pide a gritos su talento– y se dedica a hermosearla con sus dotes artísticas.
Pero la experiencia le hace ver que el mundo no es grato y sí tiene mucho de injusto. Los habitantes de la pensión ni aprecian ni toleran la labor de Sofía. Desde la dueña, cuyos ojos resbalan sobre las paredes asquerosas, las alfombras raídas y las ventanas polvorientas con desconchaduras, para reparar histérica en el trabajo de Sofía, cortinas encubridoras tejidas con muy buena fe. El capitán, corajudo lobo de mar que escapa aterrorizado por los tejados al ver a Sofía tejer, sin percatarse de que lo que teje es un traje nuevo –“azul como el cielo”– para él… conmovida por los harapos que vio en el armario del inquilino. Intentó además zurcirle las zapatillas a la cocinera pero también fue despedida por ella, asqueada.
Sólo cuando ya está anciana y cansada, entra al cuarto de una joven mujer que no se molesta con su presencia. Curiosa, Sofía observa que ella está tejiendo botincitos para bebé y comprende que espera uno. La mujer la descubre y… sonríe! Es oriental, un origen conveniente en este punto de la historia por la paciencia, el atributo que le permite demorarse en el juicio y la vindicación contra la araña que está llenando de redes la pensión, que le permite detenerse a apreciar el arte agregado a esas, generalmente consideradas, señales de incuria y desaseo. Este inicio de amistad mueve a Sofía a realizar su última obra
maestra en la que pondrá su vida entera.
La ilustradora Jane Dyer, logra también una obra maestra para representar la de Sofía, pintando este agridulce trabajo en suaves tonos de acuarela. También ilustró el libro de Cuando mama llegue esta noche a casa de Eileen Spinelli, autora de literatura infantil nacida en Pensilvania con una veintena de libros en su haber. Las escenas de la anciana Sofía y la nueva madre y el bebé son particularmente luminosas. Esta simpática araña logrará que se deshagan de su aracnofobia aun los más atemorizados individuos. Un libro como este hace más por la adquisición de
valores en los niños que todos esos libros, fascículos y sketches de televisión sobre los valores, con los que se nos bombardea actualmente.