Es una humorada este cuento de David McKee (Devon, RU, 1935), una sonrisa amarga porque este mundo descuadernado no termina
enderezándose así de fácil como ocurre en esta obra de ficción. Es la historia de país con un ejército dedicado a la
guerra, cuyo único norte es marchar contra otros países porque la verdad verdadera está en su bolsillo, lo que le autoriza a atacar, avasallar y oprimir a quienes no la comparten.
“Había una vez un país muy grande gobernado por un General.
La gente de ese país creía que su manera de vivir era la mejor.
Tenían un ejército poderoso y un cañón enorme.
De vez en cuando el General salía con su ejército a conquistar otros países. ‘Es por su propio bien’, decía. ‘Así podrán ser como nosotros.”
El último paisito que le queda por conquistar al General, paisito pasivo, humilde y desmañado, derrota con humor y amor al ejército malhumorado, portador del estandarte de la Verdad Única. El invasor es invadido por la peste pacífica. Entrelíneas este libro nos ratifica que toda guerra es inútil, más cuando, como ocurrirá con la que se libra en este pobre país nuestro de las causas perdidas, en la posguerra continuará la injusticia social que la generó. Si una guerra no sirve para cambiar las condiciones sociales, ¿qué razón tiene? La paz con equidad puede más que la guerra y la risa es la mejor arma para derrotar las agresiones.
Algo ha madurado la humanidad desde el pasado siglo. Ya no son tan frecuentes las ansias de conquista. Sin embargo, en el planeta quedan reductos de mentes megalomaníacas que poco a poco retroceden ante la toma de conciencia de los pueblos avasallados. Los conquistadores es un libro para recomendarle al mayor invasor que en la historia ha habido, que hasta mediados del s. xx había perpetrado 156 invasiones (William Blum, 1975) y que está a punto de cejar en su última invasión –perpetrada desde el 20 de marzo de 2002–, con el rabo entre las piernas y sin el petróleo.
Editorial Norma reimprimió, en abril de este año, 5 de los 15 libros de Elmer, el tierno elefante Colchaderretazos de McKee. El dibujo de McKee en Los conquistadores es diferente al de Elmer, el rey Rollo y el señor Benn: es plano, esquemático, meramente descriptivo pero con gran carga afectiva. El
trabajo artístico tiene valor estético si es un acto de pensamiento, si no obedece a emociones, gustos u opiniones. Este libro es, en todo y en partes, un trabajo artístico.