Bradley Chalkers se sentaba al fondo de la clase, en el último pupitre de la última fila, sin compañeros en derredor, como
corresponde a un monstruo. El monstruo está aislado porque su
comportamiento es extraño, agresivo, antisocial… El recelo es el único sentimiento que anima en sus congéneres y, a su paso, amplia calle abierta no de honor sino de fastidio, su mirada que es de odio sólo recibe la respuesta del miedo y el odio contraprestado. El de Bradley es el comportamiento típico del tránsito de la pubertad a la adolescencia. El conflicto surge, o relieva, porque la personalidad de Bradley cambia antes que las de sus compañeros. Es, al menos, dos años mayor que ellos debido a la repetición de cursos anteriores. Es un monstruo, además de por su actitud, porque revela en su cuerpo las huellas del cambio biológico: hecatombe hormonal, irrupción pulsional que afecta la voz que se distorsiona, imágenes que se desconocen, el cuerpo que, con exageración de angulosidades, toma otra forma. La transformación del Dr. Jekill en Mr. Hyde. La aparición milagrosa de la sicóloga, su manejo del problema que conduce a Bradley dialécticamente por los propios razonamientos –inducción-deducción– del niño, conduce, si no el revertimiento de la metamorfosis, a que el niño reconozca por sí mismo lo que hace, deduzca por qué lo hace y cambie su comportamiento.
El personaje de la sicóloga es caso aparte. Puesta en trama exclusivamente para corregir el desatino en que se ha convertido la vida de Bradley, es el personaje más atractivo de la novela por su desparpajo, el diseño estrambótico de sus prendas que revela una personalidad madura y libre, y por su eficiente desempeño
profesional, discreto pero certero en el diagnóstico y el tratamiento. Mucho tendría esta hermosa mujer por relatar –mucho tendría Sachar por escribir en torno a su protagonismo– tras su paso por los colegios, pues a pesar de su corta edad el efímero tránsito por el de esta novela es una muestra de lo que tal vez ocurrió en otros: la azarosa vida del mundo de la enseñanza está colmada de interesantes casos clínicos. En consecuencia su desempeño profesional es plausible, pero también es causa del rechazo de los ignaros y pacatos padres de familia que transmiten su miedo (miedo a la verdad) a las directivas del colegio. Debido a la ignorante e intransigente presión de los padres, justo cuando la sicóloga está logrando que Bradley reconstruya su autoestima es remplazada por un computador.
Louis Sachar es autor, muy premiado, de más de veinte libros de ficción y educativos para niños. Su más reciente libro Holes (Hoyos de SM, El barco de vapor, 2002), recibió el prestigioso Premio Nacional del Libro en EUA y la medalla Newbery.
Afirman los entendidos que los españoles han menguado bastante los modismos en los libros de narrativa que traducen (idiotismos, si jugáramos etimología) y que cuidan el habla escrita por cuidar un mercado, el latinoamericano, cuya demanda por la literatura infantil y juvenil crece de año en año. Pero en esta traducción, realizada en el s. xxi, se cuelan modismos con alguna frecuencia.
¿Se te dan bien las mates?
Está tirado pegar a las niñas.
¿Y no te la cargas?
Tal vez a docentes y promotores de lectura les parezca simpático y divertido esculcar en la semántica, descubrir con sus dicentes los vericuetos transitados en su evolución por una determinada expresión castellana; considero más importante al traducir, sin embargo, la neutralidad idiomática, que será más fiel al relato en la lengua original. No pretendo que se busque acomodar el texto a rígidos cánones puristas sino que se intente conservar prístina la comunicación.