Pedro, Susana, Edmundo y Lucía se trasladan a la casa de un profesor. Explorando, llegan a una habitación
con un ropero. Lucía entra, pero nunca llega
al fondo: aparece en un bosque. Camina llegando ante un farol y ve al fauno Tumnus, que la invita a su cueva para tomar el té. La explica que es siervo de la Bruja Blanca, la causante
del invierno eterno sin Navidad de Narnia. Ya en casa, Lucía relata su aventura a sus hermanos. Pero ninguno de ellos la creerá pensando que es un juego.
Jugando al escondite Lucía correrá hacia el
ropero y al oír pasos, se introducirá en él. Era Edmundo que entrando para buscarla, termina caminando por el bosque. Verá un trineo guiado por un enano y con una dama en su interior. Así Edmundo conoce a la Reina de Narnia, y la Bruja Blanca conoce la existencia de ese Hijo de Adán. Le dio una bebida y unas
delicias turcas, logrando contentarlo mientras averiguaba todo. Tras prometerle más delicias turcas y ser el príncipe de Narnia si le trae a sus hermanos, se despide. Advirtiéndole que no cuente nada para sorprenderles. Después Edmundo encuentra a Lucía, emocionada porque él estuviera allí. Ella había almorzando con el fauno y estaba feliz, pues la Bruja no sabía nada y su vida no peligraba. Al reencontrarse con los hermanos, Lucía les cuenta todo. Pero Edmundo lo niega, afirmando que jugaban. Preocupados por ella y pensando que podría estar enfermando, acuden al profesor y el asunto queda zanjado.
La casa era visitada por turistas guiados por el ama de llaves. No debían molestarles. Por eso, en una ocasión para no ser sorprendidos jugando, escapan corriendo y terminan en el ropero: llegan a Narnia.
Debido al frío toman unos abrigos. Edmundo habla del camino hasta al farol, y así conocen su mentira. Lucía propone visitar al fauno, pero en su caverna sólo encuentran un papel anunciando su arresto. Deciden ayudarlo, y guiados por un petirrojo cruzan el bosque encontrándose con el señor
Castor que los conduce al hogar donde espera la señora Castora. Comen juntos mientras Castor les relata lo sucedido, la llegada de Aslan y la profecía de los Hijos de Adán y las Hijas de Eva que derrocarán a la Bruja y reinarán en Cair Paravel. Y de pronto, Edmundo no está. Quieren buscarlo, pero Castor les explica su traición: tenía la mirada de los que conocen a la Bruja y han probado su comida.
Parten inmediatamente.
Edmundo no disfrutó la comida pensando en las delicias turcas. Oyó la llegada de Aslan y sigilosamente se marchó. No era malo, pero ansiaba más delicias turcas y ser rey. Una vez ante la Reina, la contó todo. Entretanto los otros recorrieron un largo trecho y se escondieron para dormir. Al despertar oyeron campanas: era Santa Claus. A Castora la trajo una máquina de coser y a Castor le terminó el dique. A Pedro le entregó un escudo y una espada. A Susana un arco con sus flechas, y un cuerno y a Lucía una botellita curativa y un puñal.
La Bruja partió con Edmundo tras ordenar a Fenris Ulf marchar con sus lobos y matarlos. Pero su trineo dejará de deslizarse: el hechizo sobre Narnia desparecía y se derretía el hielo. Prosiguen caminando pero comprenden que la primavera ha llegado y Aslan también.
El grupo de los niños y los castores llegan a la Mesa de Piedra y explican a Aslan la traición de Edmundo. Pedro oye el cuerno y salva a sus hermanas, y Aslan ordena perseguir a los lobos hasta la Reina y rescatar a Edmundo. Ella se había detenido en un sombrío bosque y convocó a sus seguidores. Pero los fieles a Aslan rescatarán al chico, salvándose la Bruja y el enano al usar ella su magia simulando ser piedras.
Un salvoconducto permite a la Bruja llegar al campamento y expone que según la Magia Profunda, Edmundo le pertenece por su traición. Tras hablar con Aslan acuerdan que ella renunciará a su sangre. Se trasladan a los Vados de Beruna. En la noche, las niñas buscan a Aslan que se aleja a paso lento y cansado, y lo siguen. Le acompañan un trecho separándose antes de llegar a La Mesa de Piedra. No regresan. Se quedan observando cómo los siervos de la Bruja amarran a Aslan, le atan las patas, le cortan el pelo y le ponen un bozal. No desean ver a la Bruja acabando con su vida, pero esperan a su marcha para acudir hasta él. Tras quitarle el bozal, observarán a cientos de ratones grises mordiendo sus cuerdas. Luego oyen un estruendo, ven la mesa quebrada y a Aslan en pie. Marchan hasta el castillo de la Bruja, donde Aslan soplando sobre cada figura de piedra las devuelve la vida. Rescatan a los prisioneros y al llegar a la batalla, Pedro lucha con la Bruja pero será Aslan el que la derrote. Edmundo logró quebrar su vara pero ahora yacía ensangrentado. La botella de Lucía le cura. Ganada la batalla, Aslan corona a los niños en Cair Paraver y durante la celebración se marcha calladamente.
Los Reyes crecieron. Y sucedió que Tumnus les trajo noticias del ciervo blanco que concede deseos, y en una cacería en la que sólo los cuatro reyes lograban seguirlo, llegaron nuevamente hasta el farol retornando a la casa del profesor a través del ropero.
Más sinopsis sobre El León, La Bruja y El Ropero (Las Crónicas de Narnia, libro 1º)