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Cuando Roald Dahl nos narra la historia de una pequeña niña llamada Matilda, no sólo nos relata las aventuras y percances
de una niñita excepcionalmente lista, que sufre el abandono y la negligencia de sus padres y que luego tendrá el asombroso poder de mover cosas con la mirada, sino que también nos cuenta la historia de cualquier niño o niña que, por ser lo que es, debe enfrentarse a la subestimación y rechazo de muchos de los adultos que le rodean. Creo que es este sentido, las cualidades positivas y negativas de los personajes son llevadas al extremo de la exageración con el fin de mostrar lo ridículo de una situación en la que el niño es considerado un ser inferior. Por ejemplo, la misma Matilda que a los cinco años ya sabe leer y multiplicar, bien podría ser un niño o una niña que simplemente fueran despiertos, curiosos, inquietos, deseosos de aprender y expresarse.
Del otro lado, tendríamos a la señorita Trunchbull, cuyo odio hacia los niños la convierte en un personaje absurdo: ¿cómo sería posible que la directora de una escuela odiara tanto a los niños? Los padres de Matilda también son un caso interesante. Excesivamente simples, excesivamente deshonestos, no dejan de representar una burla directa de todos aquellos padres que, o se desentienden del cuidado y educación de sus hijos, o no les prestan la debida atención ni les permiten expresar sus inquietudes. Los vicios y maldades de los señores Wormwood resaltan caunto más grande es la inocencia de Matilda.
Además de esto, quizá sea apropiado mencionar una serie de temáticas que Roald Dahl desarrolla en este libro. Una de ellas, la que más salta a la vista, es la educación tanto en la casa como en la escuela. Por un lado, tenemos a los padres de Matilda, que no asumen su responsabilidad en la educación de niña. Es por ello que Matilda no tiene más remedio que aprender por su cuenta, enfrentándose incluso a los límites y obstáculos que sus propios padres le imponen. En este sentido, que Matilda sea quien es y sepa lo que sabe es un logro estupendo. Por otro lado, en la escuela destaca la dedicación de la maestra de Matilda, la señorita Honey, una persona que también ha tenido que enfrentarse a una serie de obstáculos que impedían su pleno desarrollo como persona. Otra figura central en la educación de la escuela es la señorita Trunchbull, verdadera representante de la tendencia a enseñar en base al terro y el maltrato.
Otro tema importante es el de la lectura. Los señores Wormwood desaprueban por completo que su hija pase tanto tiempo leyendo. Para ellos, leer es un acto inútil. No así para la propia Matilda, y esto nos lo hace saber el narador cuando nos describe la experiencia de Matilda como lectora asidua. El hecho de que este tema se desarrolle en el interior mismo de un libro para niños resulta, por mucho, algo interesante. No podría haber mejor espacio para redimir el papel del libro y la función y beneficios de la lectura.
Y aun cuando pueden ser más los aspectos que hacen de matilda na obra relevante, quisiera concluir señalando que los poderes de Matilda pueden ser entendidos como una metáfora de la fuerza interior que, tanto en el niño como en el adulto, permite superar las adversidades y superarse a sí mismo. Ese calor que Matilda siente en sus ojos caa vez que hace uso de su asombroso poder para mover las cosas, podría ser una forma de aludir a esa sensación que se tiene cuando uno comprende que no hay más límites que los que uno mismo se pone. En este sentido, podríamos asociar lo anterior a esa otra sensación de saber que aún cuando los demás tengan el poder de encerrarnos o de prohibirnos ciertas cosas, uno sigue siendo libre, pues en la cabeza de uno no gobierna nadie sino uno mismo.
Publicado el: diciembre 14, 2007