VIVIR PARA CONTARLA
Autor: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
EDITORIAL SUDAMERICANA
Primera edición argentina, que consta de 59.000 ejemplares
Setiembre del año 2002
579 páginas
INDUGRAF S.A., Sánchez de Loria 2251, Buenos Aires, Argentina
Uno de mis hermanos dijo aquel día que la gente debía empezar a redactar sus memorias cuando todavía se acordaba de todo, ni él ni yo supimos cuánto me habían calado sus palabras: escribir mis memorias mientras persiste el recuerdo.
El apasionado pueblo colombiano se debate en guerras intestinas buscando lograr su identidad; entre estos guerreros se encuentra mi abuelo materno --a quien venero y rindo tributo en varias de mis novelas-- NICOLÁS RICARDO MÁRQUEZ MEJÍA (Papalelo), Coronel retirado, pero con el fuego del viejo guerrero dominando sobre su estirpe y su prole de hijos reconocidos y no. A su lado, TRANQUILINA IGUARÁN, (Mina) mantiene unida a una familia donde ella misma busca los hijos naturales de su esposo y les da el lugar que les corresponde junto a su padre y hermanos.
El amor de mis padres --LUISA SANTIAGA MÁRQUEZ IGUARÁN Y GABRIEL ELGIDIO GARCÍA-- luchando contra la oposición de la familia de mi madre, inspiró mi primera novela a los veintisiete años y después de los cincuenta volví a reflejarlo. Mi abuela paterna, ARGEMINA GARCÍA PATERMINO, un canto a la vida y a la libertad, que crió sus hijos sin ayuda de los hombres con quienes los concibió, brilla con su carácter alegre y desprejuiciado.
Nací en el pueblo de ARACATACA a las nueve horas del Domingo 4 de Marzo de 1927, en medio de una tormenta feroz, en una tierra de sangre caliente donde la vida era todo y valía menos que nada, de un padre pobre crónico y una madre enamorada, perdonando y justificando a ese hombre de un estrato social inferior al suyo, con quien aprendió a vivir en la pobreza y esperando hasta la hora de su muerte por un mañana mejor. El mayor de once hermanos de la pareja: cuatro mujeres y siete varones. Pero no el primero de mi padre, quien -- de acuerdo al estilo de su tiempo -- ya contaba con otros antes de su casamiento y alguno más después de ello. Recibo el nombre de GABRIEL JOSÉ DE LA CONCORDIA GARCÍA MÁRQUEZ; tres años después, en el bautizo, se olvidan de DE LA CONCORDIA.
Al abandonar los estudios de derecho, llevado por las ansias de escribir, rompo la mayor ilusión de mis padres: tener un título universitario en la familia.
Cercado por la falta de recursos, trabajo como redactor en distintos periódicos, ganando prestigio y respeto. Pero nunca me alcanza para vivir. En un universo apasionado por la poesía, en especial la del Siglo de Oro Español, desde mis más cortos años me sumerjo en las letras con el apoyo de maestros y familiares, siendo tempranamente reconocido como poeta.
Envueltos en la vorágine de recuerdos, aparece la gente de Aracataca que vivía esperando el regreso de los efímeros días de gloria que llegaron y se fueron de la mano de la UNITED FRUIT COMPANY; los acordeoneros que recorrían los pueblos; los amores y amoríos propios y ajenos; la vida y la muerte danzando su interminable baile en medio de las leyendas. Los ritos mágicos y religiosos; las supersticiones, los fantasmas y los masacrados en hechos políticos, simples reyertas familiares o sangrientas huelgas. Mis pesadillas nocturnas, los tíos y tías que no terminaba de conocer
¡Tantas, tantas cosas vividas!
Sangre, amor, poesía, muerte, engaños, encuentros, desencuentros, forman la amalgama que da vida y nutre a todas mis obras. El amor largamente buscado de MERCEDES BARCHA, nuestros hijos…
Cada persona se convierte en un personaje, cada lugar en un escenario, colocando así su impronta de realidad en la maravillosa ficción de los libros que retratan a su modo fragmentos del espejo roto de mis días, que trato de acomodar, pues hay que VIVIR PARA CONTARLA.
Una casualidad --¿o causalidad?-- que remata la idea de predestinación la da el hecho que al terminar de escribir mis recuerdos, prácticamente a la misma hhora del mismo día, se apague la vida de mi madre.
TERESA DEL VALLE DRUBE LAUMANN
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