Con su diestra manejaba habilmente las cuerdas de su inseparable guitarra, de sus muñecas pendían las maracas que acompasaban
las melodías que interpretaba; en las clavijas de la guitarra estaba el rondín o armónica y su pie derecho junto al pedal de un decolorido bombo para completar su "conjunto musical".
Don Alberto Valencia, más conocido como "chaznacacho", de fina figura, bien trajeado, nunca se despojaba de su leva y la colorida corbata; sus lentejuelas escondía las noctángulas jornadas de bohemia en su tradicional barrio del "Corazón de Jesús" y posteriormente de "La Convención del 45".
Su oficio rutinario de zapatero, le permitía escuchar durante el día las canciones predilectas y en ,los momentos de ocio ensayaba las futuras presentaciones en los centros de diversión.
Don Lucho, una de aquellas tardes decidió abandonar la esclavitud de zapatero y decidió comercializar las afamadas guitarras de San Bartolomé en la plazoleta de San Francisco, donde acudían gran cantidad de curiosos, a escuchar las interpretaciones del "
hombre orquesta" especialmente los pasillos y boleros, además vendía " cancioneros populares", almanaque Bristol y "métodos para aprender guitarra".
Debido a su acuciosidad y entrega al arte, muchos amigos le regalaban unas cuantas monedas para que interpretara los clásicos pasillos" mis flores negras" "rebeldía" "de conchas y corales" "esposa" "fatalidad".
Un hombre que cuidaba extremadamente sus guitarras y cuando el astro rey se hacía presente trasladaba su puesto de venta hacia el portal de "El Carmelo" para continuar su concierto con el pasillo "sombras".
Muchos fueron sus alumnos que recibieron las primeras lecciones de guitarra y pronto aprendieron las "posturas" para interpretar por "la mayoy" o "la menor".
Antiguos habitantes del barrio Corazón de Jesús, informan que debido a su habilidad para la interpretación musical, era contratado para la animación de fiestas sociales y escolares, pues para ese entonces no se contaban con los disjokey, ni equipos de amplificación.