Por más de cincuenta años,
Doña América Moreno Méndez,
mantiene la tradición del "pase" o la pasada del Divino Niño Rey,
lo inició cuando muy jovencita y le "cambió" la imágen del Niño por apenas cinco sucres( antigua moneda ecuatoriana) y luego de hacerle bendecir, le pasó una misita y brindó un café a quienes acompañaron a esa celebración religiosa.
Al llegar un nuevo año, prometió al niño pasarle todos los años, la misa, pero esta vez, hizo la velación con la presencia de vecinos del barrio y sus familiares.
Año tras año, congregaba a más fieles y pronto aparecieron los priostes y surge la idea de contratar a un "maestro capilla" para que entone los clásicos villancicos.
Avanzada la noche, la prioste principal ofrece café caliente, acompañado de pan de pascua, entonan los villancicos e invocan oraciones al Niño Rey.
Recuerda que por varios años llevaba la imágen del Niño desde su casa hacia la iglesia más cercana y que los acompañantes y los pastorcitos lanzaban flores durante el recorrido del pase.
Cuando se difundió la devoción a los seguidores, se propusieron arreglar el "carro alegórico", para lo cual contrató a personas que se encargaban de hacerlo.
Destaca,
Doña América que el Niño es muy milagroso y hay recuerdos que detallan los favores recibidos, por quienes aventuraron llegar a los Estados Unidos o Europa.
Al decir de la prioste principal, la casa que posee en Totoracocha se lo debe al niño y señala:"iba a comprar una casita y llamé a mis hijos a que rezaran al Niño para que nos vendieran la casa y le prometí que si me hiciera comprar la casa, le destinaría un sitio para que permanentemente le velaran al Niño,lloramos y no pasaron muchos días que compramos la casita y cumplí, con lo prometido"