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Los personajes de Nasca

Summary rating: 4 stars 4 Puntuación
Review by : peruana
Visitas : 110  palabras: 900   Publicado el: marzo 28, 2008


Compartir la mesa en Nasca, especialmente si se trataba de degustar el bufo manchapecho, adquiría casi un significado de comunión; en casa de mi suegra, doña María Robles, era un ágape salpicado siempre de buena conversa, en el que prevalecía el sempiterno tema de si vendría agua este año, o si habría suficientes  reses para  beneficiar, porque si no hay carne, una no sabe qué cocinar, compadre Luciano…¿usted, cuántas reses va a traer para el otro mes? Dicen que ahora solo se va vender carne tres veces a la semana, ¿qué vamos a hacer? Ya ve don Maurilio, ya no se puede con esta vida, ¡a veces me da  ganas de morirme de una vez…! Don Maurilio, con su paciente y reposada voz le replicaba a doña María:
              –¿Ahí no tiene usted buenos naranjos, bien altos y fuertes… cuelgue usted una soga… ¡y listo!
              Mi suegra, la interpelada, andaba en sus hermosos cuarenta y tantos años, fachosa, de rasgos muy finos y ondulado cabello castaño, era muy alabada por la pequeñez de sus pies.  Amiguera, bondadosa, de sangre dulce;  todos querían ser sus compadres y comadres, así que siempre le llovían las ‘tablas’.
     Don Maurilio Molina había nacido el año 1884; era padre del doctor Albino Molina Sánchez, médico y diputado por Nasca de 1945 a 1948, y luego en 1963. Cuando se refería a su hijo  siempre decía ‘el doctor’: - “… El doctor va a venir en enero con la familia; se van a veranear a San Nicolás…”.  Era padre también de Nela Molina, madre de Gonzalo Uribe, casado con Liliana Montoya, hija de Adán.  Don Maurilio, era la serenidad andante, viva imagen de la sabiduría nasqueña. Se levantaba todos los días a las cuatro de la madrugada y recorría con tranquilidad las silenciosas calles, atento a cualquier novedad que más tarde comentaría con don Luciano Lancho y Genaro Hernández, a la puerta del mercado, el que quedaba en la calle Arica, cuando el camal quedaba en el puente, antes del terremoto de 1942.
Luciano Lancho era de Acarí.  Había nacido el año 1892 y era socio de don Maurilio en el negocio de la carne. Buenmozo, de cabellos castaños y rubio bigote, sus grandes ojos azules delataban su sangre italiana y su buen corazón.   Murió tempranamente a los 57 años de edad, por  un cáncer al riñón, producto de una caída del caballo durante sus viajes a las cabezadas. Fue padre de Andrés Lancho, eminente gallero; de mi amigo Josué, profesor, historiador y ahora notable personalidad del National Geographic, a cada rato lo vemos por TV explicando los misterios de la tierra de Nasca; de Clotilde, madre de Luciano Ponce, novio de mi sobrina Diana Pantac; de Edith, esposa de Ido Roncagliolo; de Salvinia,  y también de mi querido amigo Lucho, más lomeño que nasqueño, creativo en la cocina, digno heredero de su madre Augusta Rojas.
         A veces asistía Jesús Ramírez, hijo de doña Bibiana, la ‘Abuela Bibiana’, como la llamaban los niños.  Negra fina, de corazón de oro, era dueña de una chacra en Pangaraví heredada de su marido José Ramírez, poseedor de su tierra por derecho que le llegaba desde los tiempos incas o preincas. De sus hijos,   el mayor,  a quien ella  siempre llamó ‘don José’, era callado, ceremonioso y huraño; infundía respeto entre la chiquillada que tomaba por asalto la chacra.  Don José se pasaba largas temporadas en las lomas,  pastando el ganado. Se sabía de su regreso cuando la Abuela Bibiana bajaba al pueblo trayéndole charqui de venado  a su comadre María.
        La abuela Bibiana vivió hasta los 105 años de edad; desde su poltrona de retorcido y lustroso tronco de guarango, contemplaba el  cementerio nuevo, allá arriba del nuevo barrio de Vista Alegre, y decía:
        –Ya debería yo estar allá.
     Su chacra daba las más sabrosas frutas: uvas, mangos, peras perillas, granadas;  siempre abierta para los amigos y su prole… los chicos retozaban a sus anchas trepándose a los árboles, aguaitando el puquio de Pangaraví; pensaban que las frutas eran suyas por derecho de abuela….  Ella  recibía haciendo gala de la más generosa hospitalidad, aunque sus nietas, adultas ya, miraban con desconfianza las travesuras y estropicios de los mocosos visitantes.
 
 

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Comentarios sobre Los personajes de Nasca

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  1. Título del libro

    Esperanza Navarro

    lunes, 31 de marzo de 2008

    Del libro: Cronista de Nasca, Lima 2008.

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