Jean Genet (1910-1986) fue uno de los más subversivos, singulares y consistentes narradores franceses del siglo XX.
Genio y figura, dramaturgo y cineasta, gozaba urdiendo ficciones líricas feroces y agresivas sobre sí mismo.
Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir quedaron encantandos con él, vislumbraron un matón genial, un estereotipo irreverente pero observador, dogmático y a la vez libre. En Nueva York, en enero de 1946, Sastre presentó a Genet como el verdadero genio literario de Francia y la crítica americana lo situó entre Céline y Proust.
Prisionero y soldado en Beirut, Damasco y Marruecos, desertor y vagabundo en España, recorrió Europa a pie y en trenes, huyendo hasta Albania, por Yugoslavia, Polonia, Alemania, Austria y Checoslovaquia, sin cambiarse de ropa, sin más compañía que una cartera de cuero llena de papeles. Se robó un abrigo del Consulado de Francia en Trieste. Dio clases de francés a señoras alemanas. Robó en las iglesias polacas. Vivió de la prostitución en Berlín.
Sus andanzas lo llevan a la cárcel, donde encontró inspiración y redención a través de la
literatura.
Alcanzó a publicar cinco libros autobiográficos: “Santa María de las Flores” (1944), “El Milagro de la Rosa” (1946), “Pompas Fúnebres” (1947), “Querrelle de Brest” (1948) y “Diario de un Ladrón” (1949), la primera en traducirse al español y que sintetiza su obra completa describiendo con encanto al
personaje que siempre soñó ser: un divino criminal, patiperro eterno que añora sus travesías como trotamundos clandestino, ladronzuelo y prostituto en los años treinta.
Edmund White, autor de una veintena de libros (novelas, cuentos, ensayos sobre arte, literatura y biografía), recorre la vida de Genet y la cuidada creación del personaje ideado por él mismo. Investiga e indaga para separar mito y realidad. De este modo consigue que “Genet” (Editorial Debolsillo, más de mil páginas) sea considerada la mejor biografía que existe sobre este controversial autor francés.