FERNANDO RODRIGUEZ QUEREJAZU: “LOS MOLINOS DE DIOS MUELEN DESPACIO”; Ayacucho 169 - 3o. 1025 Buenos Aires.
Basado en
el fragmento de un
escrito encontrado por azar en la biblioteca del Vaticano, el autor reconstruye en primera persona la
historia de Claudio de Fornay, que fue - o mas bien pudo haber sido, ya que las crónicas históricas lo nombran poco y en forma ambigüa - un caballero flamenco, cortesano de Felipe el Hermoso, acompañante de Juana la Loca durante su encierro en Tordesillas y supuesto padre de un hijo de ella que nació muerto. Muestra (o inventa) una Juana un poco diferente a la que se conoce a través de los libros de historia y le da otro significado a sus famosos peregrinajes con el cadáver.
El hilito de verdad histórica a partir del cual el autor teje su ficción, le da al cuento un cierto atractivo, aunque el resultado, si bien imaginativo y vistoso, no es del todo bien logrado. El lenguaje - un barroco que emula un escrito medieval - es un castellano perfecto, digno de aprobación por la Real Academia pero algo pesado y distante para un lector contemporáneo. El libro es una curiosidad y es interesante en ese sentido. Un pequeño divertimento. Un intermezzo.